El nacimiento de Rui, Diego y Dolça, por Emma Pelaez

Soy madre. Esta es la palabra que mejor me define, es la descripción con que me identifico más plenamente, es lo que realmente soy, y además soy y debo ser muchas cosas, pero sobre todas ellas soy madre. Creo que lo he sido siempre, incluso mucho antes de ser consciente de que quería serlo y que lo sería algún día, antes de conocer el significado que esto tiene, con todas las consecuencias. Pienso que la maternidad ha estado siempre dentro de mí, formando parte de lo que soy, asumiendo esta condición que la naturaleza nos propone, aceptándola como la mejor oportunidad que nos pueda brindar. Soy madre.

Esta aventura, sin embargo, tiene un inicio concreto en mi conciencia (preciosa palabra), el momento en que un día a las 4 de la madrugada me enteré de que Rui existía, estaba dentro, vivía, era real y no sólo mi sueño, aunque no lo conocía, pero ya era mi hijo. Con plena felicidad vivimos juntos, los tres, un embarazo maravilloso, la salud nos permitió disfrutarlo y sólo tuvimos que esperar a que llegara el día de verlo. Y fué un 15 de febrero, de madrugada, cuando Rui, antes de tiempo, decidió que ya tenía bastante, él también nos quería conocer.

La emoción del momento no nos dejó pensar en nada más que en él, no fue hasta más tarde que empezamos a darnos cuenta de que su nacimiento había sido en realidad un partus interruptus, que no se había respetado ni su voluntad ni la nuestra, no se nos había escuchado y no se nos había explicado nada de lo que había pasado y del porqué. Eran tantas cosas, tantas violaciones, no podíamos aceptar que esa insensibilidad fuese la norma, el orden de las cosas, y quisimos ir más allá, saber más, tener el poder de la información y hacer valer nuestros derechos, nuestra voz , sin pedir nada más que respeto.

Pero esto no llegó hasta más tarde, con Diego. Siete meses después del nacimiento de Rui, se creó una nueva vida en mi interior y desde el primer momento decidimos que lo protegeríamos ya durante el embarazo y el parto, al igual que se protege al bebé nacido de los posibles peligros de la vida en el exterior, de los que dicen saber y actúan en consecuencia, decidimos asumir las responsabilidades en lugar de delegarlas. Después de fracasar en el intento de pactar/alterar el protocolo habitual del hospital, Titània se cruzó en nuestras vidas casi por casualidad. Mauro,mi compañero, contagiado por mis angustias de embarazada tratada como una enferma, comenzó a buscar información en internet y nos apuntó como oyentes a una mesa redonda organizada por “El parto es nuestro” en la Magòria la semana por el parto respetado ( y yo de 32 semanas!). En ella participaba Pepi. Lo que explicó y las imágenes que enseñó nos emocionaron: aquello era lo que nosotros queríamos, era posible, otros lo habían hecho realidad, nosotros también lo teníamos que intentarlo. No fue fácil, el embarazo estaba ya muy avanzado, nos faltaba formación, pero teníamos tal decisión que Pepi nos apadrinó (nunca le estaremos suficientemente agradecidos) y Titània aceptó hacerse cargo de nuestro parto. Y así Diego tuvo un merecido nacimiento feliz y respetado: en casa, en familia, con tranquilidad, la calurosa madrugada de un 12 de junio.

La Dolça no tardó mucho en llegar. Ella ya encontró mucho camino hecho, pensábamos que todo, pero tampoco fué exactamente así. A veces la sinceridad no es una herramienta útil, e incluso se puede llegar a convertirse en un arma en tu contra, y este exceso de confianza en mí misma, esta reafirmación en mis convicciones, casi como un orgullo, ha jugado en nuestra contra, en mi como madre y en la suya antes de nacer. El parto domiciliario se convirtió en algo que debíamos ocultar, como si hiciéramos mal, como si en lugar de madres aceptando el proceso natural del nacimiento y siguiéndolo con profesionales que nos ayudan, nos escuchan y nos respetan, fuéramos unas inconscientes cometiendo un acto de brujería, un acto temerario que pone en riesgo nuestra vida, y lo que es peor, la vida de nuestros hijos! Lo que no es más que un parto consciente es visto como un riesgo innecesario, por no hablar de también un sufrimiento innecesario, como si parir fuera tan terrible que querer sentirlo fuera una locura. Dolça tuvo que escuchar y percibir la sensación de que su madre no pensaba en ella, no la tenía como prioridad, sino a sí misma y su voluntad de parir en casa. Como si esta fuera una opción fácil! Su percentil calculado en la ecografía del tercer trimestre era justo, y al saber que iba a nacer en casa, la doctora puso en marcha una campaña alarmista acompañada de un dispositivo de alarma médica por alto riesgo. ¿Habría sufrido el acoso médico si no hubiera dicho explícitamente que nacería en casa? Nos hubiéramos ahorrado visitas y controles añadidos si hubiera escondido mi decisión? Siempre nos quedará la duda, pero por lo que sabemos después de su nacimiento, su tamaño, que tanto preocupaba todo el mundo, no ha sido ni pequeño, ni tampoco un inconveniente para nada.

Por suerte, teníamos muy claro que precisamente la prioridad era ella, darle el nacimiento que se merecía, como su hermano Diego, lo que no pudo disfrutar Rui, y tomamos la decisión de defender nuestra opción y de llevarla a cabo con plena conciencia.

Así fué. Dolça nació en casa el 3 de enero, y fué un nacimiento mucho más que respetado, fue un nacimiento precioso. Con la seguridad que da la experiencia, nos organizarnos mejor, éramos más conscientes del proceso, pudimos disfrutar de todas las sensaciones, los olores, la música, la luz, casi como el escenario de una noche de estreno, como el examen más decisivo, como si toda mi vida me hubiera preparado para ese momento, para recibir mi niña. No había dolor, sólo emociones muy intensas, no sufrimos, vivimos juntas el camino que teníamos que recorrer. Todas las sensaciones de la evolución del proceso estuvieron tan vivas que el ambiente era pleno, nos conectamos totalmente todos los que estábamos: la Mica en su fundamental papel de apoyo, Mireia y Tere con sus conocimientos profesionales y sobre todo, en su experiencia, con la capacidad empática y el trato afectuoso, Mauro como principal ayuda emocional y también físico, dispuesto a aceptar cada demanda y cada rechazo, adaptándose a mis necesidades con su apoyo incondicional, transmitiéndome su admiración que tanto y tanto me anima a seguir.

No hay momento más mágico, más especial, tan complejo ya la vez tan sencillo como dejar que la naturaleza siga su camino, eso sí, desde la conciencia, la información y la capacidad dejarse llevar por lo que el cuerpo nos pide , saberlo escuchar. Esto es en definitiva ser madre. En el camino de la maternidad tenemos que escuchar, debemos saber, debemos abrir las puertas de nuestro interior para recibir nuestros hijos, debemos oírlos y sentirnos. Tan complejo y a la vez tan sencillo como dejar que la naturaleza siga su camino. Me enorgullece decir que es lo mejor que he hecho nunca, mi gran obra en la vida, mis hijos, crear sus vidas. Por eso no puedo definirme de otra manera, por eso puedo decir a ciencia cierta que sea otra cosa: soy MADRE.

Emma Pelaez

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