Ser comadrona: experiencia de libertad femenina

Yo Tere, mujer comadrona, nací libre y acompañada.
Mi madre nos acogió en sus entrañas, en su matriz, a mí, a mi hermana Nati y a mi hermano Javi. Conviví y nací entre una mujer y un hombre. Así que lo femenino y lo masculino, la diferencia, está presente desde mi origen. Tres años antes, este lugar ya había sido habitado por mi hermana Ángela, quien desde siempre nos ha ido enseñando también un camino para nosotras.
En el regazo de mi madre íbamos creciendo y nos íbamos nutriendo en una relación muy íntima y entrañable. Nacimos del cuerpo de mujer, del cuerpo de madre. Ella desde su generosidad nos dio la vida y nos entregó a ella. Un parto fácil y acompañada de mi padre, mis tías y una comadrona.
Es, pues, mi lugar de origen en mi experiencia de Libertad femenina en relación. Para mí vivida como una libertad condicional y condicionada a la otra, con la dualidad que esto representa para mí: pues es condición imprescindible el cuerpo que acoge, la presencia y la relación con la otra y, a la vez, no quiero decir opuesto, condicionada a un mismo espacio con lo que tiene ello de amplitud y de estrechez, de inmensidad y de límite, el necesario para tener en cuenta a la otra o lo otro, que da medida para no desparramarse o perderse, lo que contiene de seguridad y confianza. Una libertad femenina que no pasa por encima de lo otro en una afirmación de mi.
Crecí en una familia que trabajaba en el textil, mi madre urdidora y mi padre tejedor. Esto acompañó mi vida. Recuerdo que de pequeña nos reuníamos las mujeres de casa para coser, para charlar de nuestras cosas, también escuchábamos historias de otras mujeres en las radionovelas. Un tiempo bonito para mí. Después, a la vez que seguía con los estudios, empecé a trabajar en el textil, junto a mis hermanas y mi hermano, uníamos los hilos en un ovillo al tiempo que nos uníamos en hilos de relación. Hilos con los que yo cosía la ropa para mi familia. Días y noches disfrutando uniendo trozos de tela, pedazos de vida.
Posteriormente trabajé en una imprenta, entonces todavía habían letras de metal, eran el molde, la matriz, que unidas hacían palabras y con ellas los textos de historias vividas, sentidas, soñadas, reales, imaginadas.
Cuando fuí a la Universidad estudié Enfermería, me dediqué al cuidado de la salud, al cuidado de los cuerpos y las relaciones. Trabajé durante años en el Banco de Sangre, con las personas que donaban y recibían la sangre. La sangre como elemento imprescindible de origen y de vida, circulando a través de vínculos en una relación de dar y recibir.
Al hilo de mi propia historia, con el que he ido entretejiendo vida, relaciones y trabajo, es el que me ha ido llevando a mi quehacer como comadrona, movida por el deseo de encuentro con el origen, con la madre y la relación con ella, con las otras y los otros en un espacio de libertad, confianza y vínculo. El lugar donde se me hace posible estar en estos espacios de libertad femenina en relación es en la cooperativa Titània-Tascó, con mis compañeras, con las mujeres en su ser madres, con sus criaturas y con su pareja. Trabajo como comadrona en el acompañamiento y en la asistencia del parto en casa. Para mí ha sido una “vuelta al hogar”, del que nunca me fui, aunque viva en otro lugar. Un espacio y tiempo de creación, de relación íntima y compartida, de respeto, de confianza. Donde vivo un precioso tiempo de sentido y, a la vez, dialogando, o discutiendo otras veces, con el tiempo del reloj, en esa espera permanente en la que en cualquier minuto o segundo me pueden llamar para un parto, y en la que tengo que dejar todo lo que esté haciendo en ese momento (familia, estudios, amistades…). Así que, teniendo en cuenta el tiempo de reloj, que también está, y tengo que ir viendo como organizármelo con mis compañeras en la medida que podemos, le doy paso a ese tiempo de parto que es un “tiempo escogido” por mí y que tanto me gusta. Sé que el trabajo que hago me da vida por lo que contiene de corazón y de matriz, de amor y de madre. Vida y trabajo unido por ese hilo conductor: origen y relación.
Mi experiencia de Libertad femenina atraviesa diferentes tiempos de sentido: el de mi deseo nacido del encuentro y re-encuentro con la madre; el de apertura y de entrega con lo que nace de cada una de nosotras, de abrirme a la vida, a lo otro, de dar a luz, dar sentido a lo que somos, hacemos y sentimos, a la creatividad; el de la elección y decisión de mi trabajo y en el lugar donde lo hago, en el hogar; el de la sinceridad con mi vida, conmigo y mi historia; el de la confianza que da acompañar y ser acompañada en una relación mutua; el de sabiduría del cuerpo, del ser; el de estar en relación con el origen materno, con la vida, con la otra y el otro.
La experiencia de libertad relacional la vivo como un movimiento ondulatorio, como con las contracciones en el parto, a veces más intensas, otras más suaves, más amplias o en ocasiones más estrechas, más cercanas o más distantes, más profundas y otras más superficiales, más cercanas o más distantes. Esto me pone en contacto con la imagen de la dinámica de la matriz, que para mi es la dinámica de la vida, el impulso, el ritmo con el que nacemos y con el que caminamos en la vida; un movimiento fluctuante de ascenso y descenso, de contracción y de relajación, y entre estos dos movimientos un tiempo de quietud. Es importante detenerse en ese punto, descansar para recuperarse: para aliviar la intensidad, recobrar el aliento, rehacer el camino, reponer fuerzas para volver a reencontrarse con ese movimiento que, en definitiva, nos hace avanzar porque en este proceso se pare, se nace y se vive.
Yo nací mujer, del cuerpo de otra mujer, el de mi madre, la nuestra. Yo, Tere, mujer comadrona nací libre y acompañada.
Tere Gonzalo del Moral
Comadrona, Cooperativa Titània-Tascó

Un comentario

  1. Tere,

    Es de una gran maestría la manera en que hilas las palabras para crear un texto que cobija, inspira y alegra a quienes tenemos la fortuna de leerte. Celebro y agradezco que te hayas tomado el tiempo para compartir cómo vives la libertad femenina, es un maravillo regalo. Gracias. Saludos de una excompañera de Duoda que te recuerda con cariño.

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