Creixent en Tribu

Desde la Cooperativa Titània-Tascó assistim parts a casa, fent formació per les parelles que volen un part natural i tenim grups de criança compartida. Per afovorir el vincle amb les criatures, l’alletament matern i la criança respectuosa.
Inici de nou curs el proper divendres dia 7 de febrer 2014 a les 18 hores.

 

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Medicina China en Titania, 10 preguntas a Nicolas Dréan nuestro terapeuta.

acupuntura-logo

Los viernes por la mañana, Nicolas atiende a nuestros usuarios en Titania y realiza tratamientos de Medicina Tradicional China aplicando la acupuntura, el masaje Tui Na, recomendaciones de alimentos y de hierbas medicinales. Muchas personas nos hacen a menudo las mismas preguntas, hemos aprovechado este articulo para que Nicolas nos conteste a tod@s.

Titania: Nicolas, qué se puede tratar con la Medicina Tradicional China?
Nicolas:
No conozco ningún trastorno en el que no se puede hacer nada con la medicina Tradicional china (MTC). Primero creo importante poder entender el contexto de la MTC, es una medicina milenaria es decir que ha evolucionado desde mas de 4000 años, imaginéis la experiencia clínica que se ha podido acumular desde tanto tiempo, es gracias a esto que es una medicina segura. Además tiene su propio diagnostico, sus propias enfermedades, sus propios métodos de tratamiento. Por ejemplo si una persona consulta por dismenorrea, es decir dolor durante la regla, le vamos a preguntar que tipo de dolor tiene: hay varios tipos como pesado, punzante, fijo, que irradia, etc. Entonces a cada tipo de dolor le vamos a dar un nombre especifico llamado síndrome (bloqueo de Qi, insuficiencia de sangre, etc.) para la Medicina China existen más de 9 tipos de dismenorrea y en cada caso tendremos una técnica de masaje y acupuntura especifico, una formula de hierba especifica. Así un tratamiento con MTC siempre esta personalizado porque no se puede tratar 2 cosas diferentes con el mismo tratamiento. Entonces la MTC tiene mucho que aportar para los trastornos de la mujer, todo los tipos de problemas de dolor, trastornos emocionales, problemas de sueño, cansancio, trastornos respiratorios, parálisis recientes, trastornos digestivos, problemas de peso, Adicciones, seguimiento en el embarazo, preparación al parto, problemas postparto, etc. No dudar en preguntar por su caso personal.

Titania: Se puede tratar la infertilidad?
Nicolas:
En muchas ocasiones he atendido a personas con problemas de fertilidad, unos vienen porqué están diagnosticados como infértiles después de haber intentado lograr el embarazo después de más de un año probándolo sin trastorno aparente, algunas mujeres vienen con ovario poliquistico, otras han tenido abortos multiples, a veces están en un proceso de FIV, hombres con bajo recuento de espermatozoides o problemas de calidad de la esperma, etc.. y en muchas ocasiones varios han tenido resultados positivos, entonces recomiendo siempre a una persona que presenta trastornos de reproducción de realizar una valoración con MTC para entender los fenómenos energéticos que pueden relacionarse con el trastorno.

Titania: De todas las técnicas que vas haciendo (acupuntura, masaje Tui Na, alimentación energética, hierbas cual es la más efectiva?)
Nicolas:
En china, la farmacopea china (plantas medicinales, animales, minerales) es lo que más se utiliza, es creo lo más potente de todas la técnicas de MTC. En occidente tenemos acceso a la farmacopea china (solo hierbas) y es también muy efectiva. Pero según mi opinión y para muchos profesionales de MTC lo más efectivo es la combinación de todas las técnicas a la vez. Sobretodo la acupuntura y la farmacopea. En cuanto a las recomendaciones dietéticas son también muy importantes, nuestra alimentación es nuestro primero medicamento. En una sesión suelo empezar por el masaje, después hago acupuntura y al final de la sesión hablamos de la alimentación y una eventual formula de hierbas medicinales. También se puede recomendar a veces ejercicios de Qi Gong.

Titania: Qué es el masaje Tui Na?
Nicolas:
Quizás han oído hablar de la acupresion o digitopresion!, pues el Tui Na es la manipulación de los puntos de acupuntura y de los meridianos por donde circula la energía del cuerpo con técnicas manuales. A menudo se utiliza una sabana de algodón entre la piel del paciente y las manos del terapeuta, raras veces se aplica el Tui Na directamente en la piel. Trabajo mucho con tui Na sobretodo para temas de dolor, contracturas y también problemas emocionales en los que se necesita relajación. Además he observado que la acupuntura es más efectiva con un masaje Tuina previo.

Titania: Y el Qi Gong?
Nicolas:
A menudo cuando me preguntan que es el Qi Gong contesto: un tipo de Yoga Chino porqué el Yoga proviene de la tradición hindú. La verdad es que el Qi Gong existe desde tantos años que es obligatorio que haya sido influenciado por el Yoga y el Yoga recíprocamente por el Qi Gong. Ahora dentro del Qi Gong existen muchas categorías y técnicas diferentes como tenemos también varios tipos de Yoga (Kundalini, el Hatya, etc.). Más que todo durante una visita lo que recomiendo son ejercicios de Qi Gong como pueden ser algunos estiramientos, ejercicios de meditación, etc.

Titania: Para ser terapeuta en MTC cuantos años hay que estudiar?
Nicolas:
Toda la vida!! Cada persona es diferente, nunca encuentras una persona que presenta la misma desarmonía. Entonces aprendes de cada persona, es la mejor escuela del mundo…En cuanto a estudios, soy Francés de origen y allí esta prohibida la practica de la MTC si no eres medico. No he tenido la oportunidad de estudiar la Medicina occidental porqué no me interesaba, siempre he tenido una atracción por todo lo que tiene que ver con la sabiduría oriental, es la practica del Qi Gong que me ha llevado a decidir de formarme como terapeuta de MTC. Encontré una escuela en Barcelona que proponía una formación universitaria muy completa con 4 años a tiempo completo y muchas horas dedicadas a la practica con profesores y compañeros excelentes.

Titania: La MTC trata también a los niños?
Nicolas:
Efectivamente, los niños reaccionan muy bien a los tratamientos con MTC, a veces son demasiado pequeños y mal preparados para recibir acupuntura entonces se hace Tui Na infantil, la energía de los niños siendo diferente a la de los adultos son técnicas muy especificas. Si se hace acupuntura, se usan agujas especiales tan finas que son totalmente indoloras. Claramente se hace mucho hincapié a la alimentación y las hierbas.

Titania: Para el tema de cáncer que nos puedes decir?
Nicolas:
Según varios estudios científicos una persona pasa por varios cientos de canceres en su vida sin darse cuenta. Por suerte tenemos un sistema de defensa que nos hace resistente pero a veces la enfermedad supera a la defensa. Hay muchos tipos de canceres pero igual que cualquier enfermedad la MTC tiene sus herramientas para este problema. A menudo las personas que se visitan con cáncer hacen ya un tratamiento occidental y vienen para aliviar los efectos segundarios de la quimioterapia por ejemplo (cansancio, ansiedad, insomnio, falta de apetito y otros trastornos). También creo que los canceres provienen de malas hábitos de vida y trastornos emocionales acumulados con los que el cuerpo llega a saturación. Entonces es importante que cada uno sea consciente de si mismo y de cómo optimizar su salud, la MTC es una medicina de prevención extraordinaria.

Titania: Cuanto tiempo suele durar una sesión contigo y con que frecuencia hay que visitarse?
Nicolas:
En general la primera visita suele durar una hora y media y las de seguimiento una hora. La primera sesión siempre es más larga porqué hago una valoración de la persona y necesito entender su problema para poder después aplicar el tratamiento adecuado. En cuanto al las visitas de seguimiento en la mayoría de los casos es un seguimiento semanal, y esta frecuencia se va espaciando a medida que se observe una progresión. En general las personas que vienen por un problema puntual, agudo, necesitan pocas sesiones con mas frecuencia, y las que tienen problemas crónicos necesitan mas visitas con menos frecuencia.

Titania: Se visitan más hombres o mujeres con acupuntura?
Nicolas:
Los dos se visitan pero en general son las mujeres que más acuden a terapias en general. En Titania el publico es mayormente femenino pero atiendo tanto a Yin como a Yang.

CURS DE PREPARACIÓ A LA MATERNITAT I PATERNITAT

Per fi comencem de nou un dels cursos que més ens agraden a Titània, el curs de preparació a la maternitat i paternitat.

Moltes parelles arriben a Titània arrel d’aquest curs, és la porta entrada al món maternal i paternal un espai per gaudir en parella esperant a l’arribada de la vostra criatura.

El curs dura 6 mesos (24 sessions) on es tracten temes d’embaràs, part i criança. És un lloc de trobada amb diverses parelles que estan en la mateixa situació, dirigida per professionals com la Pepi Domínguez  (llevadora) acompanyada d’altres professionals com la  Núria Beitia (psicòloga), on les parelles poden trobar tota la informació i eines necessàries per poder autogestionar el procés des del respecte, d’una manera conscient i acompanyada.

Tan si voleu parir al hospital o a casa.

Ens avalan 28 anys d’experiència i  milers de parelles que han aconseguit un part, un naixement i una criança amb conciencia.

Durant el curs es tracten temes com:

  • Aspectes físics i emocionals de l’embaràs, part i post-part
  • Consciència corporal,  respiració, relaxació i massatges per afavorir el part fisiològic a cada sesió.
  • Autoconeixament i autoexploració. La anatomia i fisiologia a favor del part natural.
  • Posició del bebé i escolta del batec del seu cor.
  • Desenvolupament del part fisiològic.
  • Assaig d’esponderaments i posicions durant el part.
  • Acollida de la criatura i les seves cures.
  • Desenvolupament psicosexual del nadó.
  • Alletament matern, fisiologia, etapes.  Dificultats i recursos.
  • Alimentació infantil, ritmes dels nadons, el plor, la son…
  • Sistema inmunitari, vacunació i les seves alternatives, malalties infantils. Cures casolanes.
  • Sexualitat en el post-part i mètodes anticonceptius.
  • Recuperació del sòl pelvià.
  • Vincle afectiu mare-pare-fill-filla.

Així que a totes les parelles que comenceu aquesta aventura, us animem a viure aquest procés amb nosaltres, tots els divendres de 18 a 20 hores !!

Comencem el 7 de febrer de 2014

Si vols pots demanar una entrevista gratuïta al 934266559 o demanar més informació al info@titania-tasco.com

 

El naixement com a punt d’inici en l’educació i la criança

JORNADES COOPERASEC-2012

EL NAIXEMENT COM A PUNT D’INICI EN L’EDUCACIÓ I LA CRIANÇA.
La Cooperativa Titània-Tascó va néixer l’any 1985 a Barcelona. Tascó tenia com a objectiu mostrar que era possible fer una esquerda en el món laboral, econòmic, polític, cultural, social i sanitari. Titània va sorgir per donar resposta al desig de les dones de tenir cura de la seva salut i de la seva maternitat, el respecte a les seves decisions de com, on i amb qui volien parir.
En línies generals el que va motivar la seva creació va ser:
• La necessitat d’obrir nous espais on es fusionessin iniciativa i creativitat, relació personal i intercanvi professional.
• La voluntat de participar en un procés de buscar nous camins per a una situació de crisi, políticament desencantada, cultural i socialment qüestionable.
• El desig de donar cabuda a les capacitats i projectes professionals que no trobaven un marc adequat en el mercat laboral establert.
• Un entusiasme per trencar amb l’individualisme i la insolidaritat.
Tot això va ser possible per la iniciativa, l’empenta i l’esforç d’un grup de persones que provenien de diversos àmbits: el moviment de no-violència i objecció de consciència, moviments de ciutadans i ciutadanes de base i altres persones que intervenien de manera activa en la vida cultural, social i política del país, el grup de parts de Barcelona, així com professionals de la salut.
A Titània-Tascó des del seu inici s’han potenciat diferents iniciatives i projectes com: l’espai de salut “Titània, dones per la Salut”, el forn de llenya de Castellolí, el menjador-tenda de dietètica “La Grana” a Ripollet, la masía-centre rural d´acollida i trobades “La Plana” a Sta. Mª d´Oló. També va sorgir a nivell nacional l´”Asociación Nacer en Casa” i “La Liga para la Libertad de Vacunación” d’aquesta continuem sent la sede. Amb el temps cada projecte es va independitzar fent el seu propi camí, encara que mantenim afinitats comuns. Alguns projectes no han continuat dins l´entitat per no ser afins als nostres valors, objectius o principis de la cooperativa.
Actualment compartim l’espai amb Xicalla, espai d’educació lliure

Són 27 anys que treballem des de l’autogestió com a cooperativa i per l’autogestió de la salut i el part a casa. La nostra essència es treballar des de la LLIBERTAT, la CONFIANÇA i el RESPECTE, tant com a treballadores com en l’atenció i acompanyament professional. Oferim un servei basat en l’atenció integral de la persona.
Ens dediquem a promoure la salut en general, teràpies naturals, l’assistència del part a casa, recolzament a l’alletament matern i fem grups de Preparació a la maternitat i paternitat, així com grups de criança.
Les dones i parelles que formen part dels grups volen informar-se, intercanviar coneixements i experiències, son grups de reflexió, d’ajuda, d’acompanyament i enriquiment mutu. Això afavoreix la cohesió del grup i el vincle que, en la majoria de casos, es manté durant molts anys després continuant compartint la seva experiència.
Els objectius en l’acompanyament són:
• Possibilitar l’autonomia pròpia i del propi grup
• Afavorir la pressa de consciència de les seves necessitats i desitjos
• Potenciar la seva capacitat d´autocura
• Obrir nous punts de mira
• Possibilitar relacions saludables basades en la confiança i el respecte
• Proporcionar informació i recursos perquè puguin prendre les seves decisions.
• Recolzar la capacitat de responsabilitzar-se dels propis processos.
• Respectar la singularitat de cadascun i cadascuna.
• Potenciar la relació amb altres grups o entitats socials.
Amb tot això anem teixint la història de les dones i homes que hi participen i, a la vegada, la nostra pròpia història, com a persones i com a cooperativa.
Anem aprenent , amb el que donem i rebem, tots i totes plegades i així anem compartint camí. Som mitjanceres del nostre saber i també dels saber que hem rebut de les i els altres, de la experiència viscuda i sentida.
Acollim i acompanyem el que neix de cadascun i de cadascuna. Tenint en compte la seva singularitat, la seva diferència vers l’altre, i es sostenible en base a l’acceptació i el reconeixement d’una mateixa i l’altra. Així que es el respecte a la manera de pensar de cadascú, les seves ideologies i creences, la seva llengua i cultura, els seus sentiments… La manera que l’individu té de relacionar-se amb ell mateix té que veure amb com es relaciona amb el altre, amb la societat que viu i amb el món.
El grup aporta diferents maneres de veure i viure la vida i això crea referències que poden ser punt de partida de noves formes de plantejar-se les coses, de renovar decisions o consolidar les que ja tenen. Sabem que en cada grup que comença, s’inicien, a la vegada, noves relacions, noves mirades en relació a la maternitat i paternitat, en criança i educació, com també en altres temes.
Transmetem els valors de la cooperativa quan acompanyem a un grup, els projectem perquè els tenim ben integrats com a dinàmica de relacionar-nos i de treballar. Aquests valors són: la participació activa, sensibilitat, compartir, ajuda, reconeixent, acceptació, diàleg, respecte, confiança, llibertat; valors i actituds que es projecten dins el grup, i ells li donen continuïtat possibilitant noves xarxes de relacions, de projectes i intercanvis en la comunitat. Així entenem que es construeix una societat responsable amb ella mateixa i amb el seu entorn.
Tot això ho fem tenint en compte l’origen, la gestació, i a qui ens va donar la vida i a la vida. Des de la concepció, gestació i el naixement de les criatures la pròpia mare li ensenya aquests valors, que queden impregnats en el bebè i li serviran de guia.
Entenem el cos de dona com un espai solidari, només per la seva capacitat de ser dos ja possibilita la relació (encara que es faci real o no), engendra solidaritat, nodreix al bebè en la seva matriu, el seu niu, li transmet els seus sentiments, els seus valors, li protegeix i el deixa partir perquè continuï el seu camí, sabent-se acompanyat. A través del cos de dona es construeix un cos social i socialitzador.
Per això treballem des de la sexualitat femenina, que té a veure amb com ens relacionem amb el nostre cos, amb els sentits, amb el plaer, amb el dolor, amb el desig, amb la necessitat, la capacitat de donar i rebre, d’obrir-se, de sentir l’amor, la tendresa… Cal conèixer i reconèixer-se en el propi cos, explorar-ho, acceptar-ho, convidar-lo a sentir tot allò que ens passa i passa per la vida. Mostrar-nos amb la nostra manera d’ésser i d’estar en el món.
Aquest saber-se d´una mateixa es reflexa en tot allò que fem, amb totes les persones que ens relacionem i amb tot el que ens envolta. En la gestació li donem cos al bebè i li ensenyem el que anem aprenent, de nosaltres mateixes i del món. Li ensenyem l’espai i els límits, la realitat. Durant el part, un nou temps d’obrir-se a l’altre, un viatge conjunt,una abraçada intensa, el dolor i el plaer present, l’emoció viva, l’acollida apassionada i la felicitat inoblidable. Durant la criança mantenim el contacte íntim, li donem seguretat, singularitat, continuem cuidant-lo amb el tacte i el contacte, l’afecte, l’alletament, els massatges, la veu, cobrint les necessitats bàsiques …
La relació inicial de l’ésser humà, des de la seva concepció, es social i solidària, comença en la unió de la seva mare i el seu pare(o de les diferents variants que una dona pot engendrar ).
El bebè s’incorpora i incorpora el món, a través i en relació amb la mare, amb el seu cos. Des de la matriu va conformant el seu esquema corporal, emocional i social. El bebè creix dins la matriu amb el model de vida de la mare ( i a la vegada del pare/ parella, a través d’ella).
Els records prenatals estan a la memòria cel•lular, es la memòria genètica. Alguns autors consideren que les experiències més formatives són les que transcorren abans del naixement. En les experiències prenatals estan les influències socials, culturals, polítiques. Quan es produeixen traumes abans, durant o després del naixement, la quantitat i la qualitat d’unió es redueix. En el cos i la ment del bebè es produeix una resposta de “defensa natural” , que posteriorment requerirà molt reconeixement i comprensió per anar endavant. Encara que el bebè intrauterí incorpora experiències de la seva mare i pare/parella, ells tenen també les seves experiències úniques . Un naixement respectuós contribueix a la pau mundial.
Tot això ho treballem en els grups amb diferents dinàmiques. Fem exercicis de consciència corporal, de respiració, de relaxació, dansa; i també fem xerrades sobre diferents temes: alimentació, autocures, sexualitat, factors emocionals, el procés de part fisiològic, acollida i cures a la criatura, alletament matern, quin significat té convertir-se en mare i pare, rols de referència, educació… en un marc de confiança, respecte i confidencialitat.
El nostre punt de partida és des de la salut, no es des de la malaltia; les relacions i la manera de treballar es cooperant no competint; ens basem en la confiança no en la por: si la balança va cap a la por es retrau, li resta capacitats, li dificulta avançar, i viu amb més angoixa. Si es declina cap a la confiança una persona es capaç de viure la vida més alegre, més segura, pot fer eleccions més lliures, decidir el que necessita o desitja, reconèixer les seves capacitats i les seves limitacions, pot respondre i resoldre les situacions més adientment, i assumir millor les seves responsabilitats. En definitiva, viure d’una manera més joiosa la vida i transmetre-la així. Cal educar en confiança i llibertat perquè l’ésser, la societat, puguin viure de manera saludable.
Amb la gestació i el naixement la dona accedeix a la seva maternitat, l’home a la seva paternitat i la criatura a la seva Humanitat.
Des de Titània fem difusió de tots aquests conceptes i valors amb: xerrades a la comunitat, espais de mares i pares, escoles, serveis sanitaris, Fires, congressos,mitjans de comunicació. Perquè sabem que la manera d´engendrar, parir, criar i educar formen part de la transformació de la societat.

Pepi Domínguez Cano i Tere Gonzalo del Moral, Llevadores

COOPERATIVA TITÀNIA-TASCÓ, SCCL
C/ Llibertat, 47 baixos 1a.
08012 Barcelona
Tel. 934 26 65 59
info@titania-tasco.com
Horari d’atenció: Dilluns a Divendres de 10 a 13 h i de 16 a 20 h
http://www.titania-tasco.com
https://titaniatasco.wordpress.com
http://www.pepidominguez.com

Proyecto AMARYI DESARROLLO Y EDUCACIÓN CONSCIENTE

PROYECTO AMARYI
DESARROLLO Y EDUCACIÓN CONSCIENTE

Curso de introducción a la educación consciente

Por Sua Urana. http://www.acompañamientoconsciente.com Tel.: 678288057

Comienzo: 23 de Noviembre de 2013 Finalización: 28 de junio de 2014

¿Qué es el Desarrollo y la Educación Consciente?
Se trata de educar desde la comprensión positiva de lo que nos impulsa a actuar en base a experiencias pasadas. Utilizando la conciencia como unidad de materia, movimiento, sentir anímico y energía, para lograr: Ser feliz siendo una misma o uno mismo y conservar la alegría de vivir desde la libertad de acción.
Protegiendo a la niña o niño intacto que todas y todos llevamos dentro.

Para ello debemos desarrollar plenamente, a través de la acción cotidiana, las seis cualidades imprescindibles para el crecimiento armonioso e integral en la infancia y por tanto de los seres humanos. De estas seis cualidades emerge el amor incondicional. Estas son: Anhelo altruista de felicidad, confianza/ reconocimiento, acción amorosa, protección, libertad y alegría compartida.

Teniendo en cuenta estas cualidades implicadas en el desarrollo del amor incondicional se ha diseñado un programa de ocho meses de duración, basado en ejercicios prácticos a experimentar personalmente, y si se acude con las criaturas se mediará in situ problemas concretos del momento. Realizándose un sábado o domingo, cada tres semanas, en horario de 10,00 a 14,00 h. o de 16,00 a 20,00 h.

Por todo ello este curso está dirigido a familias, mediadores, acompañantes, educadores, profesionales y cualquier persona interesada en el desarrollo y la educación consciente.

Las y los participantes podrán acudir con sus hijas e hijos.

Objetivos:

Crear un espacio de crecimiento personal, familiar y profesional conjunto, dónde profundizar desde experiencias prácticas en la conciencia y en la educación.
Compartir contenidos prácticos para afrontar la crianza y la educación desde una perspectiva amorosa, respetuosa e integradora.
Conocer el desarrollo en la infancia para así poder respetarlo y comprenderlo a partir de nuestro “Niño interior” o “Niña interior”.
Conocer la influencia que tenemos sobre nuestras criaturas, junto al entorno cultural y social, a partir de experiencias pasadas.
Poder verbalizar y comprender las dificultades de una educación emocional desde el conocimiento de lo que ha sido relegado al inconsciente.
Desarrollar herramientas de mediación para asegurar un desarrollo emocional sano, y poder resolver conflictos y rabietas desde la complicidad amorosa.
Afianzar la comunicación con las niñas y los niños desde un dialogo alejado de chantajes, mentiras piadosas, amenazas o castigos, que contemple el reconocimiento de su diversidad personal, de sus habilidades y sus capacidades innatas y la confianza en su inteligencia.
Generar líneas comunes y respetuosas para la familia a partir de una perspectiva del bien de la comunidad y del empoderamiento de todos los miembros de la familia, desde una relación entre iguales.
Fomentar la concepción de simbiosis familiar, como un organismo vivo que crece, aprende y se desarrolla conjuntamente por el bien común.

Programa de contenidos:

Módulo 1. Anhelo de felicidad

1.1 Noción de felicidad
1.2 La vida como juego
1.3 Satisfacción del deseo, Construcción del yo y Voluntad
1.4 Mecanismo del rechazo y Reconocimiento de la existencia
1.5 Egoísmo y Altruismo
1.6 Cuerpo matérico, Cuerpo anímico, Cuerpo energético
1.7 Instinto – Intuición –Contemplación
1.8 Etapas evolutivas en la infancia
1.9 Conciencia corporal, Desarrollo sensorial, Inteligencia emocional e Inteligencias múltiples
1.10 Biografía: El dibujo inconsciente
1.11 Interdependencia y Simbiosis

Módulo 2. Protección – Vínculo

2.1 Tipos de vínculos y Construcción del vínculo
2.2 Centro vital, Fuente de creación y “Niña/ Niño”
2.3 Noción de miedo
2.4 Caracteres
2.5 Corazas emocionales
2.6 Emoción y Energía
2.7 Psicogenealogía, Libertad y Cadenas familiares
2.8 Protección y Derecho vital. ¿Qué es proteger/ se?
2.9 Acción no violenta: Reconocer y liberar del sufrimiento
2.10 Información y Límite
2.11 Camino del guerrero: Búsqueda de la verdad de la tribu
2.12 Destino – La verdad de la piedra

Módulo 3. Confianza – Reconocimiento

3.1 Camino de la escucha
3.2 Acción de recibir – Importancia del abrazo
3.3 Complicidad amorosa
3.4 Pensamientos erróneos – falsas Creencias – Imágenes negativas – Acciones dañinas – Hábitos insanos – Carácter destructivo – Destino frustrado
3.5 Universo cuántico y Responsabilidad 100%
3.6 Disponibilidad, Reconocimiento y Derecho a ser una misma o uno mismo
3.7 La mariposa y el cocodrilo

Módulo 4. Libertad

4.1 Noción de libertad
4.2 Igualdad, Respeto y Tolerancia
4.3 ¿Por qué la Libertad sin Protección no existe?
4.4 El corazón de la cebolla y Construcción de personajes
4.5 Juicio, Libertad y Violencias
4.6 Sistemas familiares y Relaciones
4.7 Las Alas de la mariposa

Módulo 5. Acción amorosa

5.1 Definición de la acción amorosa
5.2 Noción de gozo, energía del placer y pulsión vital
5.3 Descubrimiento a través del juego
5.4 Colaboración vs. Jerarquías
5.5 Aprendizaje cooperativo
5.6 Acción – Reacción
5.7 La emoción como energía inteligente de la acción
5.8 Acción suave y Fortaleza espiritual
5.9 Cuidar – Mimar – Gozar
5.10 Contener – Apoyar – Sostener

Módulo 6. Alegría compartida

6.1 Cantar la vida para espantar el pensamiento negativo y la queja
6.2 Bienestar común y Definición de familia
6.3 Cómo cultivar el camino de la alegría
6.4 Gratitud, reconocimiento y Cocreación /Corresponsabilidad
6.5 Celebrar: Importancia del ritual
6.7 Resolución de Conflictos: Chiapas y tribus de la polinesia
6.8 Sistemas basados en la alegría
6.9 Vivir es celebrar

Número máximo de participantes: 8

Coste total del curso:

Coste: 480€ /persona ( 800€ / pareja)
Pago de la mitad al comienzo del curso. Pago restante el segundo mes.

Necesidades:

Las y los participantes traerán ropa cómoda, cuaderno diario de seguimiento como legado, cuatro cuencos, foto de algún ancestro importante para la familia, el árbol genealógico con cuatro generaciones a contar a partir de los hijos o hijas y algo de comida para compartir tipo fruta fresca o seca, pan, tortitas, etc., sin azucar añadido, ni excitantes para tomar en la pausa.

Lugar:

Titània-Tascó. C/ Llibertat 47, baixos 1ª 08012 Barcelona Tel. 934266559

Parto en casa, nacimiento de Nil

Ya van pasando las semanas y nos estamos alejando de estos momentos tan especiales que fueron los días y las horas que rodearon el nacimiento de Nil. Queda el recuerdo de estas emociones tan crudas, un recuerdo un poco desgastado y un poco borrado a medida que va pasando el tiempo. Así que es con un poco de temor a no poder describir lo que sentí que emprendo escribir el camino hacia esta nueva vida, y lo que fue y es para mi como un segundo nacimiento. Este relato lo escribí a lo largo de varios días/semanas, así que incluye algunos trozos de recuerdos que a veces son un poco desconectados del resto.

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Mis partos anteriores
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Primero he de contar un poco como fueron los partos de mis dos primeras hijas en un hospital público. Durante los embarazos me informé mucho, leyendo algunos clásicos como por ejemplo “El bebé es un mamífero” de Michel Odent, o “Childbirth Without Fear” de Grantly Dick-Read, mientras que mi pareja se tragaba libros más técnicos, en especial “The birth partner” de Penny Simkin. Hacía sesiones diarias de yoga kundalini en casa durante las últimas semanas de embarazo para la preparación al “gran maratón”, así como lo que llamaban las comadronas del curso de parto natural al que asistí en el hospital público donde parí.
Ambas nacieron en partos naturales de unas 6 y 7 horas. Siguiendo las recomendaciones de las clases de parto natural, me esperé al máximo en casa teniendo mis contracciones, hasta llegar para ambas completamente dilatada al hospital.

En el primer parto, pasé las contracciones sentada como podía en el sofá (o subiendo al sofá en las contracciones finales;-) ya que no encontraba posición cómoda. Cuando ya no podía más (y pensando que no aguantaba más y sí, necesitaba la epidural) y sintiendo ganas de empujar nos fuimos a por el hospital en taxi (vivimos a 10/15mn del hospital). El expulsivo duró una hora y pico, con pujos dirigidos y atención respetuosa: por ejemplo, me respetaron cuando les dije que no quería episiotomia y me pusieron compresas calientes mientras estaba saliendo para aliviarme, nos dejaron en la oscuridad piel contra piel durante una hora después de parir, las comadronas me animaron para guardarla conmigo en la cama por la noche porque lloraba, me ayudaron con los temas de lactancia y otras inquietudes de madre primeriza. También tuve la suerte de que acudió a mi casa la comadrona de mi ambulatorio para asesorarme en mis primeros días de lactancia.

En el segundo parto, estuve la noche de contracciones tumbada sin muy bien saber si eso iba para largo o no ya que las contracciones eran muy soportables, me lo pase leyendo una novela y dormitando. Me esperé hasta las 7h para levantarme. A partir de este momento las contracciones empezaron bien fuerte y ya sabía que era el momento de ir al hospital. Dejamos a nuestra primera hija que tenía entonces 2 años con los vecinos de en frente y nos fuimos a por el hospital en taxi. La saqué yo misma (y sola) a los 10 min después de llegar, con unas ganas de empujar fantásticas, bajándome los leggins en la camilla de la sala de acogida (o no sé como llamarla) mientras una enfermera me gritaba con voz de pánico que me tumbara para hacerme un tacto, mientras yo le decía que ya llegaba. Mi segunda hija llegó como resbalando de un tobogán sobre mis piernas dobladas. La atención pos-parto estuvo fatal: la vistieron sin pedirme, luego me llevaron a otra sala donde estaban unas seis personas, entre matronas, ginecóloga e estudiantes, me pusieron vía obligatoria (al que me presté un poco malhumorada, ya que era para enseñarle a un estudiante como hacerlo), presión para poner la oxitocina para animar a que salga la placenta (que me propusieron a pesar de no haber pasado 30 min, igual que en mi primer parto, pero allí sentí más presión, más prisa), unos masajes bestiales luego de salir la placenta. No tuve suerte con la habitación ya que era compartida y trajeron a una recién parturiente a la noche, que se quedó allí murmurando y hablando con sus familiares toda la noche (tenía a su bebé en neo-natos). A lo que he de añadir que las enfermeras se pasaban cada cuanto (hasta las 11h de la noche) a revisarme la tensión, etc, para ver si estaba bien, mientras yo lo único que quería era descansar. Luego del despertar brutal sobre las 7-8 h para desayunar. Pedí el alta prematuro pero al final me guardaron para revisar a la nena ya que le habían detectado un soplo. Por suerte para la segunda noche conseguí una habitación individual y pude descansar. Las semanas de vuelta a casa fueron un poco duras, ya que coincidieron con varios acontecimientos importantes como el inicio de una nueva empresa para mi pareja, que lo tenía bastante atareada, las visitas para la inscripción de nuestra hija al cole que me daba bastante estrés, y sobretodo la muerte de mi abuela, que fue anunciado por teléfono el día que mi madre llegó para visitarme/cuidarme. Tuvo que volver enseguida. Y yo me perdí el entierro y el duelo en familia. Esto creo que desencadenó una pequeña depresión post-parto. Me ponía a llorar por nada, y no tenía el apoyo de mi pareja que estaba ocupado. Al final, después de unos 10 dias, llamé a mi mamá, ella entendió lo que pasaba y vino al rescate. Y ya todo fue bien (de hecho creo que venir hacía mi la ayudó también un poco a sobrellevar su duelo, ya que se acordó que su mamá siempre había venido a cuidarla después de nacer cada uno de sus 5 hijos). Por cierto, un consejo para las mujeres recién o casi paridas: nunca leais “la maternidad y el encuentro de la propia sombra” de Laura Gutman al encontraros en un estado de sensibilidad emociono-hormonal;-)

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Decidimos parir en casa
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Es con este bagaje que me quedé embarazada de nuevo, cuando mis hijas tenían 3 y 5 años. El parto en casa ya lo había oido de una o dos personas de mi entorno lejano (también nació mi pareja en casa, pero eso era a finales de los 60). Pero coincide que nos hicimos muy amigos de una pareja que había tenido a sus dos últimos hijos en casa, así que la experiencia ya nos estaba más familiar. Hasta ahora nunca había sido una opción para nosotros, nacer en casa era una opción demasiado alternativa para nosotros, era para la gente vegetariana, anti-vacuna, pro-homeopatía;-) Era demasiado arriesgado para gente “racional” como nosotros. Pero hablando del futuro parto con mi pareja, discutimos sobre la mala experiencia de pos-parto de la segunda así como de la rapidez con que se desencadenó todo, y que si el tercer parto iba a ser más rápido, no me iba a dar tiempo para llegar, o sino, tendría que llegar con mucha antelación y entonces, perdería la ventaja de tener la dilatación en la intimidad de mi casa, y esto podía ralentizar el proceso. Por otro lado, tampoco es que había tenido malas experiencias en el hospital dados los estándares actuales. En fin, un lío. Decidí visitar a unas comadronas que atienden partos a casa, para ver un poco como estaba el tema. Llegue bastante mal preparada, no tenía preguntas, no sabía gran cosa y no sé muy bien qué me esperaba de ellas (que me convencieran?). Volví a casa decidida a informarme primero. Busqué todo tipo de información, de la buena y de la mala (en internet, encuentras de las dos cosas, sobretodo de la segunda). Pero parece que cuando lanzas una idea en tu cabeza, es como una intuición que se va fortaleciendo de forma inconsciente. Y de repente, decides que sí, que vas a parir en casa. ¿Como es que yo, que siempre me dejo llevar por instintos fuertes, voy a tomar una decisión adulta y consciente? Creo que bien eso fue la primera decisión consciente que he tomado en muchos años. Incluso la decisión de parir natural en mis dos partos anteriores fue eso, natural, un instinto fuerte que estaba encima de mi, pero esto no era lo mismo ,era una decisión con sus pros y sus contras, sus riesgos, sus prejuicios sociales, su responsabilidad. Lo que fue difícil no fue aceptar que iba a parir en casa, sino aceptar que había tomado esta decisión (no sé si me explico).

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El embarazo
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No sé si fue coincidencia, las hormonas, una madurez tardía, o la decisión de parir en casa, pero recuerdo mi embarazo como un periodo bastante poderoso, donde me sentí asertiva, segura de mi misma, más centrada, algo que no llegue a ser durante muchos años, me sentí incluso más lista, como si se hubieran despejado unas nubes (de miedo, incertidumbre y falta de confianza en mi misma) que me impedían pensar con claridad. Eso se resintió muy positivamente en mi trato con los demás y en mi trabajo, donde llegué a experimentar momentos de satisfacción intelectual que raramente había experimentado antes.

Tenía también un poco de inquietud de si este niño iba a estar bien, que si no nos la estábamos jugando yendo a por un tercero cuando ya teníamos dos hijas sanas.

En la ecografía del tercer trimestre, detectaron un agujerito en el corazón del bebé y nos mandaron a por un eco-cardiograma que confirmó la causa. Entre la eco y la eco-cardio pasamos bastante miedo googleando información y mirando estadísticas, y nos preguntamos si era todavía posible parir en casa con este problema. El médico que nos atendió en la eco-cardio en el hospital público fue muy amable y profesional con nosotros, nos confirmó el agujerito de unos 2-3mm (ahora no me sé el término técnico), nos detalló su posición y nos tranquilizó en cuanto a los buenos pronósticos de cerrar dentro del primer año de nacer el bebé. Le preguntamos sobre el parto en casa y nos dijo que esto de ninguna manera podía afectar el parto y podíamos parir donde queríamos, así que nos fuimos bastante tranquilizados y decidimos seguir adelante con nuestro plan. Tuvimos otra eco-cardio por protocolo un mes después, todo seguía igual y nos recomendaron hacer revisar al bebé a los pocos días de nacer, así como pedir otra eco-cardio al mes de nacer (ambas cosas que luego hicimos).

Aparte de esto, decir que el hospital público donde me hice revisar en el último trimestre siempre trataron con respeto mi decisión de parir en casa (yo me esperaba que me iban a crucificar).

En las visitas con las comadronas del parto en casa, hablamos de como quiero vivir mi parto. Me siento con inquietudes de primeriza de parto en casa. Les digo que suelo querer que me dejen sola/en paz y que no quiero que esto sea un circo. Me asusta un poco que tenga que tener además de las comadronas, una amiga ayudante así como alguien que se ocupe de las niñas.

Obviamente no había contado a mis padres nuestra elección para no asustarles (aunque después, su reacción, sobretodo la de mi padre, fue bastante positiva, en plan, pues así lo hicieron tus abuelas, 8 hijos cada una;-).

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Pasando la fecha
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Llega la fecha probable de parto. He estado tan atareada estos últimos días, acabando cosas para el trabajo, arreglando y comprando comida como si eso fuera a ser un cerco. Ahora toca el momento de relajarse e esperar este momento tan inevitable y a la vez sorprendente.Quiero recibirlo con las manos y la mente abiertas. Sigo con mi rutina de kundalini yoga. Dicen que las fechas de partos de una mujer siguen la misma pauta, y mis partos fueron alrededor de 40+3. Van pasando los días. Me siento en forma, voy a la piscina y hago 50 largos. Pienso que a lo mejor estoy demasiado en forma para que sea el momento de parir. Voy a la cita de control del hospital a la semana 40 y pico, donde me hacen correas y tal, me preguntan si quiero programar una inducción, sería para 41+3, digo que no, que prefiero esperar. Empiezo a agobiarme, me doy cuenta que mis días están contados, y, no, no quiero una inducción.

Con las comadronas de Titánia, las visitas se intensifican. Con Tere hacemos sesiones de “psicoterápia”: como gusanos escondidos bajo las rocas, ella levanta mis dudas y miedos, y los discutimos. Creo que eso forma parte del proceso de parto. De hecho, pienso que mi parto empezó muchos días antes del parto físico, que para mi fue tan solo el final del parto. También me gustaba verlo así, pensar que estos días de espera no eran en vano, sino que me estaba preparando para el “gran finale”. Ella piensa que me estoy bloqueando mentalmente y que tengo que dejarme llevar. Dos veces tengo contracciones bastante fuertes y regulares, que desaparecen al cabo de unas horas. Miedo y frustración.

El fin de semana cuando acaba la 41, tengo cita el lunes para ecográfia, correas, y “programar la inducción”, que sería para el viernes siguiente. He pasado mala noche, el bebé se ha movido mucho en mi panza, me daba la sensación que daba patadas para salir pero que no podía. Mi pobre pareja está sufriendo mi hiper-sensitividad feminina: en típico hombre no escucha sino que intenta tranquilizarme del tipo “me he topado con una mamá del cole, le han hecho una inducción y todo ha salido bien”, y esto no es lo que quiero escuchar en estos momentos. Me desmorono. Hablo con mi amiga que parió a dos de sus hijos en casa, uno de ellos con mucha presión hospitalaria para inducir por bajo peso. También hablo con Tere la comadrona. Ambas me tranquilizan, diciéndome que es decisión mía, que siempre puedo acudir al hospital si al final lo necesito. Decido no ir e así evitar de pasar de nuevo por el estrès. También decido mirarle a esta eventualidad de la inducción a la cara. Leo información (nada para tranquilizarme). Idoya (otra de las comadrons de Titanía) mientras me hace reflexología en el suelo de mi casa, me explica como va la inducción y sobre la posibilidad de hacer la maniobra de Kristeller. Me aconseja sobre como tratar con el personal hospitalario. También me pide elegir el día en que pariré, le digo que jueves (y así fue;-). Decido que si no he parido el lunes (que estaría de 42+2), me iré al hospital para afrontar mi destino. Hago una sesión de acupuntura. Todos me dicen que “estoy a punto”. Voy a la piscina, y no puedo hacer ni un largo. Tengo los ligamentos estiradísimos. Caminando, me siento como “abierta”, pierdo el aliento con facilidad y no puedo hablar y caminar a la vez. Una noche, escribo una carta de despedida al bebé de mi panza, para poder darle la bienvenida al de nuestra vida.

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El parto
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El día del parto, por la mañana me bajo el protocolo de inducción del hospital. Veo que todo son probabilidades y tablas, con posibles efectos secundarios. Se me hace un nudo en la garganta. Al mediodía empiezo a tener contracciones, me tumbo y siguen allí incluso cuando estoy de pie, luego al cabo de dos horas paran y decido que es mejor en vez de esperar a que lleguen estas contracciones hipotéticas, darme una cabezada. Cuando me levanto, son las 17h30, tengo cita a las 18h con la comadrona. Le llamo y le explico que he tenido otras “falsas” contracciones, que ya se han parado, y que vengo ahora. Tomamos un taxi con las nenas. En el taxi, tengo un par de contracciones más, bastante fuertes. Cuando llegamos ya van aflojando. Estas contracciones me parecen una broma de mal gusto…Hacemos la visita con Teresa e Idoya. Me hacen un tacto y estoy de 2cm, casi 3 (hace unos días estaba de 2). Antes de salir, tengo una contracción fuertisima que me obliga a apoyarme un minutito contra la espalda de mi pareja. Las comadronas no se han dado cuenta, están ocupadas con nuestras dos hijas, y elijo no decir nada, si fueran otras falsas contracciones.

Despidiendonos, nos recomiendan hacer vida normal, así que decidimos ir a cenar fuera. Por el camino tengo una contracción fuertisima cada, no sé, 5mn, que me obliga a parar. Pasamos delante de una tienda chulisima y barata de ropa rebajada para niños cerca del mercado y entramos. Las niñas escogen cositas para ellas y se las van probando. Me siento mientras me llega otra contracción. Llegamos a la plaza de la revolución y esperamos 10mn fuera hasta que comienza el turno de un restaurante esquinero que tiene buena pinta y al que nunca hemos ido. Ya son las 20h y nos podemos sentar. El camarero llega para hacer el pedido y le digo que se espere, que estoy teniendo una contracción (ahora esto me hace reír). Luego mientras esperamos, salgo con las niñas al parque que hay delante, sigo con contracciones fuertisimas. Llamo a mi amiga Mariana (que he elegido para ser mi acompañante) para contarselo. La comida llega, las patatas bravas son deliciosas (aunque carísimas). Esperamos a por el segundo plato de pasta para las niñas. En este momento decido que no puedo más, que ya es hora de apresurarnos para ir a casa. Nos llevamos la pasta para llevar. Mi pareja pide la cuenta, ya (dice: rápido, que mi pareja está de parto!).

Caminamos un poco hasta parar un taxi. Me pongo delante y dejo a mi pareja atrás para que que se ocupe de poner el cinturón a las niñas, ya que empiezo a estar muy ensimismada, las contracciones fuertes y regulares requieren toda mi atención. El taxista tiene pinta de ser paquistani, y conduce muy bien, lo que es de agradecer ya que no hay nada peor que una conducción errática mientras una esta teniendo contracciones. El trayecto en taxi parece que forma parte de mis partos ya que he cogido uno en cada uno de mis partos, y siempre con contracciones de final. Pero esto, no lo sé todavía. De hecho, me enojo cuando me dice mi pareja que estas son contracciones de finales de parto y le digo que no puede ser, que eso es solo el principio. Pero me conoce, ya me ha visto el mismo comportamiento en mis partos anteriores y me pregunta si quiere que llame a las comadronas, pero le contesto que no, que todavía no.

Llegamos diez minutos más tarde. Subimos en el ascensor, o tendría que decir que debimos subir en el ascensor ya que no me acuerdo de esto. Me encuentro en la sala de estar, las contracciones son fuertes, no sé cada cuanto, pero son estas de verdad, que te hacen parar y adentrarse en ti misma. Me pongo a la ventana de la galería para respirar mientras mi pareja instala a las niñas en su habitación. Paso allí otra contracción. Pienso en que siempre había pensado que me pondría a la ventana de esta galería para tener mis contracciones, ya que me parecía que “mirar por la ventana” era una buena posición para tenerlas. Vuelvo a entrar, entonces empiezan a agarrarme contracciones más fuertes, más seguidas, y me dan la sensación que mi espalda se parte en dos. Ya no puedo ni hablar. Digo a mi pareja que llame a las comadronas. Les explica la situación, y también llama a mi amiga Mariana para que venga. Las contracciones son muy dolorosas, pienso que a lo mejor si me tumbo, se calmará la cosa. Me tumbo de lado en la cama como he estado muchas veces durante mi embarazo, en el cuarto interior oscurito donde he dormido también muchas veces, y donde había pensado que sería el lugar ideal para parir, ya que es un poco como una cueva.

Mi intuición me ha fallado, o debería decir mi experiencia previa, ya que en mi segundo parto, había tenido contracciones muy llevaderas tumbada, que se habían vuelto fuertes al levantarme. Esta vez es al revés, las contracciones se hacen bestiales, duelen mucho mucho, y grito como nunca he gritado en mi vida. Pienso que esto no puede ser, que no lo voy poder aguantar. Mi pobre pareja está entre decirme palabras de ánimo e ir a hablar con las niñas para tranquilizarlas. Me dijo después que no las vio asustadas, que estaban contentas preguntando si iba a venir el bebé y saltando encima de la cama. Ya les habíamos advertidos que “mamá puede que grite” (también les habíamos leído “Hello Baby” de Jenni Overend, un bonito relato sobre un parto en casa con niños mayores). Les lanzó su móvil para ver dibujos diciéndoles que le pasen el teléfono si alguien (las comadronas) llamara.

Sigo con mis gritos, el dolor es tan fuerte que empiezo a respirar con sacadas, de forma cortada, como nos enseñaron en unas clases de parto a las que fue, cuando es el momento de empujar, pero esto me sale de forma natural sin pensarlo. No sé si fue antes o después de sentir algo que estaba saliendo. Me asusto muchísimo, pienso que a lo mejor ya tengo ganas de empujar pero si estaba a 2 cm hace menos de dos horas. Pienso que si empujo sin estar dilatada me voy a hacer daño. Me dice mi pareja que ya ve la cabeza (en realidad era la bolsa que se asomaba), me pide que respira. Le pido que llame a las comadronas, ¿donde están? Las necesito. Ya. El llama. Me dijo después que casi no pudo hablar de la emoción, pero supongo que sabían de que iba la cosa oyendo mis gritos. En estos momentos, es como si hubiera dos yo, cosa que me pasó también en mis otros dos partos, un yo salvaje, físico e intuitivo, y otro yo de mente fría que analiza la situación en el trasfondo. Supongo que es lo que tiene que pasar en momentos donde la alerta ha de ser extrema.

Por fin pican a la puerta y llegan no una sino cuatro comadronas, como cuatro hadas alrededor de mi, ya puedo parir, alguien me da la mano, otras dan palabras de ánimo y otra está ayudando mi bebé a nacer. Sigo gritando como nunca jamás he hecho en mi vida. No veo nada ya que estoy en la habitación-cueva oscura. Siento mi cuerpo que se abre paso a mi bebé, es muy salvaje. No me acuerdo haberlo oído llorar, me ponen su cuerpecito muy blanco encima. Luego me contó mi pareja que el bebé tenía tres vueltas de cordón alrededor del cuello, que la comadrona con su mano experta se lo había desenvuelto nada más nacer. También me explicó la comadrona que nació “velado”, como se dice en Andalucía (ella será de allí?), es decir todavía con la bolsa. Me dijo también mi hija, ya que vinieron nada más alumbrar a su hermano, que vio llorar a su padre.

Llegan también mi amiga así como mi cuñada que tenía que cuidar a las niñas durante el parto. No paro de temblar, y dice la comadrona que es normal, que acabo de hacer un esfuerzo muy grande. Nos dejan saborear estos momentos en familia. Todo el mundo me abraza y felicita. Me siento muy afortunada de estar tan bien atendida, que después de estas últimas semanas de espera y angustia nuestro bebé ya está aquí con nosotros, en su casa.

Al rato me sale la placenta con un par de pujos. Luego me contó mi pareja que mi hija mayor se sorprendió un poco con la cantidad de sangre, le habíamos dicho que podía haber bastante sangre, pero para ella bastante sangre son los rasguños que se hace a veces en las rodillas o los codos. También me relató que con una de las comadronas se fueron a mirar la placenta, que se les ensenó con mucho detalle. No quise tirar la placenta a la basura así que se lo di a mi amiga para que lo entierre en su jardín. Ella también se ofreció para cortar el cordón ya que mi pareja no quiso hacerlo (por rechazo a simbolismo?).

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Los días después
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Me acuerdo que un día o dos después del parto tenía todavía el reflejo de hablar con mi panza, me sentía un poco vacía, ¿qué había pasado? Mi bebé ya había nacido. Incluso me pasé una de las primeras noches en insomnio. Demasiadas emociones. Estos momentos fugaces de bajón fueron rápidamente superados por el amor tan grande que sentía hasta mi hijo, realmente me sentí enamorada. Las niñas también descubrían a su hermanito. Y qué gusto de no estar separados en ningún momento. Poder empezar nuestra vida todos juntos ya!

La comadrona vino a visitarme a las 24h y a los 3 días del parto. Como siempre, mucha atención tanto a los aspectos físicos como emocionales. Analizando mi parto, me dijo que mi parto fue como tenía que ser, que a lo mejor es lo que necesitaba, para que mi cuerpo supere a mi mente, un parto exprés muy intenso. Después de este parto, sentí mucho respeto hacia al dolor que pueden sentir algunas mujeres al parir a sus hijos, ya que lo había experimentado en grande. De hecho mi primera reacción después de parir fue: “menos mal que es el último”, “no quiero más por no tener que pasar otra vez por esto”…Luego ya se sabe, con el tiempo…

¿Qué más decir? Que está vez, me tomé la idea de la cuarentena en serio y me cuidé mucho durante este periodo, tanto emocional como físicamente. Solo estaba para mi bebé. También ayudó que estuvo muy presente en todo momento mi pareja, para mi y para mis hijas.

Se ha acabado nuestra gran aventura. Nos ha sorprendido el efecto tan profundo que tuvo esta decisión aparentemente tan inocente de parir en casa sobre nuestra vida. Nos queda el recuerdo de unos momentos muy intensos que nos fortalecieron como personas, parejas y padres.

Maternidad entrañable y gozosa

MATERNIDAD ENTRAÑABLE Y GOZOSA:

De mis embarazos y mis partos

Asun Rodríguez Sánchez
madre de Pau y Biel
MATERNIDAD ENTRAÑABLE Y GOZOSA:
De mis embarazos y mis partos

Soy madre de dos hijos: Pau, que tiene tres años, y Biel, que acaba de hacer tres meses . Mi maternidad junto a ellos, además de entrañable y gozosísima, ha representado y representa un apasionante proceso que ha abierto nuevos y muy interesantes caminos en mi vida.

La maternidad me llegó por primera vez a los 38 años y repetí a los 41. En ambos momentos, algunas personas se atrevieron a comentar o a insinuar que era demasiado tarde y un hecho osado y cargado de riesgo . Pero desde mi lado de la historia, la maternidad me llegaba justo a tiempo, justo en el momento en el que mejor y más plenamente la podía vivir. Me llegaba como un regalo que me hacía la vida; sin duda, el más importante. Un regalo que no se concretaba en un día ni en un hecho concreto…

A lo largo de mi vida, a medida que pasaba por diferentes edades y momentos, mi deseo materno iba modificándose, evolucionando.
De niña, cuando muchas de mis amigas jugaban a muñecas, yo tenía poco o nulo interés por acompañarlas. Prefería irme con los niños a subirme a los árboles, a jugar a fútbol o a vivir una aventura en la riera cercana. Me imaginaba que, como todas las mujeres, algún día sería madre, pero no me planteaba si lo deseaba o no. Creía que formaba parte de mi destino de mujer .
Mi adolescencia no fue plácida ni para mí ni para los que me rodeaban. Empecé a plantearme cuáles eran mis propios deseos y qué caminos quería seguir. De mi alrededor me llegaba la imagen de una organización social en la cual los hombres me parecía que tenían muchos más privilegios que las mujeres. Y la rabia que sentía por el hecho de encontrarme del lado de las que creía menos privilegiadas, me llevó a despertar mi lado más rebelde y a renegar de mi condición femenina y, con ella, de muchos de los rasgos de mi feminidad. El deseo maternal, como máxima expresión de esa condición, quedó ahogado y relegado.
Al inicio de mi juventud, como estrategia para asegurar mi independencia, me centré en asegurarme una profesión y un trabajo que me permitieran no tener que depender económicamente nunca de nadie. Y centrándome en los estudios y en el trabajo, dejaba de lado y ahogaba mi faceta más emocional, sensitiva e intuitiva, y con ella cualquier chispa que pudiera aparecer para recordarme que la maternidad era uno de mis principales potenciales y uno de mis más profundos deseos.
Alrededor de los 30 años mi reloj biológico se puso en marcha para recordarme que, desde el fondo de mi ser, vivir intensamente la maternidad era uno de mis más profundos e irracionales deseos. Pero en aquel momento el resto de condiciones no me acompañaron y tuve que centrarme en asumir la carencia, aprender a ser feliz aún sin que se cumpliera uno de mis principales deseos vitales.
Cuando la herida estaba curada y creía que había aprendido a vivir siendo feliz aún a pesar de no ser madre, conocí a Manel, mi pareja y el padre de mis hijos. Junto a él el deseo de ser madre se reavivó con una intensidad hasta entonces desconocida.

Pero el azar quiso que tuviéramos que esperar aún dos años hasta que otra vida empezara a gestarse en mi interior. Tiempo de espera y de angustia que ahora sé que era necesario.

Deseando el embarazo, decidiendo sobre el nacimiento

Desde el mismo instante en el que se encendió la llama del deseo, empezamos a imaginarnos cómo queríamos que fuera el parto. El deseo de ser madre y padre vino acompañado, en nuestro caso, del deseo y la decisión de que nuestro hijo naciera en casa.

Ésta era una decisión, en primer lugar, personal. Yo había nacido, hacía unos años, en casa. Habían nacido también en casa mi hermano y mi hermana, muchos de mis primos y primas, mi madre y mi padre, mis tíos y tías, … Además de que me parecía que era lo más lógico y natural, de alguna manera lo llevaba escrito en todas mis células.
Por otro lado, yo había gozado siempre de buena salud y no había tenido, hasta entonces, ningún contacto con los hospitales más allá de ir algún rato de visita. Pero me parecía que no era el sitio adecuado para que naciera mi bebé. Por si quedaba alguna duda, a las pocas semanas de buscar el embarazo tuve que ingresar por primera vez en un hospital a causa de una fuerte infección de riñón, y allí acabé de decidir que, si de mí dependía, mi bebé nacería en casa . Quería para ese momento un ambiente relajado, acompañada de personas queridas y dónde mis necesidades y las de mi bebé fueran más importantes que las de cualquier rutina hospitalaria.
Sin haber sufrido nunca a lo largo de mi vida demasiados dolores físicos, siento y sentía pánico ante la posibilidad de sufrirlos, pero mi intuición me decía que en el parto no habría “dolores” físicos en el sentido de que era un proceso natural en el cual el cuerpo iría recorriendo su camino . Sí imaginaba que podían ser dolores el pinchazo de la vía, el corte de la episiotomía, la cicatrización posterior, el pinchazo de la epidural, la agresión en la vagina de fórceps o ventosas, y tantas otras cosas que podían tener cabida en un parto hospitalario y que no quería ni imaginar. Yo pensaba que el dolor no podía, de ninguna manera, generarse desde dentro de mi propio cuerpo y que, en todo caso, sería soportable . Sí que podía generarse, en cambio, mucho dolor desde el exterior.
Decidir que mi hijo naciera en casa implicaba tomar muchas otras decisiones, situarme en un lugar desde el cual asumir la responsabilidad de ser madre, sin esperar que otros decidieran por mí. El ingreso hospitalario lo veía asociado a la palabra “paciente” y yo no quería, ni durante el embarazo, ni durante el parto, ni durante la maternidad, ser “paciente”. Quería ser una agente activa, asumiendo el protagonismo que yo creía que me correspondía.

La decisión de que nuestra criatura naciera en casa era, además de personal, compartida. Manel, mi pareja y padre de la criatura que estaba por venir, no sólo compartió desde el primer momento este deseo, sino que lo había sentido también como propio. Antes incluso de conocerme, él tenía ya cierta información sobre el tema y lo había comentado a menudo con una amiga que se estaba preparando para ser comadrona .

Pero aunque mi deseo era intenso y compartirlo con Manel me tranquilizaba y me hacía feliz, en lo más hondo sentía alguna duda no siempre manifestada. ¿Y si ésa era la mejor decisión para mí pero no para mi hijo? Pero, una vez ya embarazada y a punto de parir, sentí que mi propio hijo me respondía que ése era también su deseo.
Estaba embarazada de 35 semanas cuando Pau, que estaba ya con la cabeza hacia abajo, se giró y se puso de nalgas . El equipo de comadronas que habíamos elegido no atendía en casa partos de nalgas y aquí empezó mi preocupación. Me hice con toda la bibliografía posible sobre el tema y me aconsejaron ciertos ejercicios que supuestamente iban a ayudar al bebé a girarse. Pero duré dos días. Me sentía fatal haciendo unos ejercicios que no me apetecían y aumentando mi preocupación y mis dudas. Y vi claro que aquél no era el camino. Era Pau el que tenía que darse la vuelta. Por más que yo hiciera, si él no quería, no iba a hacerlo. Y hablé con él acerca de nuestra decisión y acerca de mis dudas. Acepté que su posición quizás era una manera de comunicarme cuál era su deseo y le lancé la pregunta. Él tenía en sus manos una manera de darme la respuesta. Si seguía de nalgas yo interpretaría que él prefería ir a nacer al hospital y yo lo aceptaría. Si deseaba, como su padre y como yo, nacer en casa, era necesario que se diera la vuelta para comunicárnoslo y para permitirlo. Aquella noche, en cuanto yo me tendí en la cama, él se giró. Yo tuve entonces la certeza de que nacer en casa formaba parte también de sus deseos. Supe también que durante el parto trabajaríamos juntos, en conexión.

Aún teniendo muy claro cuál era nuestro deseo, cuando me preguntaban nunca decía “nacerá en casa” sino “nos gustaría que naciera en casa”. Éramos conscientes de que, de momento, era un deseo y no una realidad, y dejábamos la puerta abierta a que no fuera así. Tampoco queríamos que fuera una cuestión de cabezonería. A fin de cuentas, creíamos, los hospitales están para eso, para si realmente era necesario.

Cuando tenía que nacer Biel, mi segundo hijo, todo fue mucho más sencillo. Aunque mi edad era superior, al deseo de que naciera en casa se sumaba una muy buena primera experiencia, y no podíamos imaginarnos que pudiera ser de otra manera.

En el camino hacia mi primera maternidad hubieron algunos momentos duros, momentos en los que dudaba de si era (éramos) capaces de engendrar una criatura.
Durante esos dos años de espera, tuvimos la suerte de conocer a las comadronas de Titània-Tascó que iban a acompañarnos en este apasionante viaje. Además pude leer sobre el tema, reflexionar, contrastar opiniones, saberes y sentires con otras personas, crecer. Ahora sé que esta experiencia me llegaba en el momento justo, cuando el deseo de vivir plenamente embarazo, parto y maternidad era más intenso. Cuando había tenido tiempo para plantearme cómo deseaba que fuera.

Y llegó el embarazo …

En mis dos embarazos supe que estaba gestando antes de que me lo confirmara ninguna prueba ni de farmacia ni médica. En ambos casos me llegó un impulso, una sensación, que me llevó a sentir y a vivir por primera vez mi embarazo.

Cuando me quedé embarazada de Pau, después de 2 años de espera, con un retraso en la regla de apenas un par de días, fue la llamada del agua la que me avisó de que algo en mí estaba cambiando. Era el mes de abril y estábamos de vacaciones cerca del Cabo de Gata. Habíamos dormido en un camping naturista y nos levantamos temprano por la mañana. Yo, friolera como soy, me puse una camiseta de manga larga para salir al exterior. Manel pasaba con una de manga corta. Iniciamos un paseo matutino y fuimos a ver el mar, un mar de los más hermosos que he visto nunca . Seguimos el paseo y vi una piscina. No pude pensar que era pronto, que debía de estar helada para mí. El impulso fue superior. Me quité la camiseta y me zambullí de golpe en el agua, helada supongo. No lo noté. Una sensación de felicidad me embriagaba. Manel me miraba sin creérselo. Yo lo miraba a él sin entender que no pudiera sentir el deseo de sumergirse también. Y entonces, dejándome flotar, sentí que estaba embarazada. Algo empezaba a crecer y a cambiar en mí. El agua pronto me invadiría por dentro y ahora empezaba a hacerlo también por fuera.

Cuando me quedé embarazada de Biel andábamos liados con un traslado de vivienda. Entre las tareas que debíamos realizar estaba el tratar una silla contra la carcoma antes de que se extendiera a ningún otro mueble. Y nada más empezar sentí que yo no debía hacer aquello. Aún no había llegado el día en el que debía notar la falta de la regla, pero el instinto me decía que yo no debía respirar aquel producto porque podía perjudicar, igual que a las carcomas, al pequeño ser que empezaba a formarse en mí. Dejé la tarea, pero no lo comenté con nadie porque me parecía que nadie más que yo podría entenderlo. Al cabo de un rato, Pau, mi hijo de entonces 2 años, a su manera, me comunicaba que él sí que me entendía y me confirmaba que dentro de mí empezaba a gestarse su hermanito . No recuerdo que nunca antes mostrara interés por mi barriga. Habitualmente, cuando me levantaba la camiseta, era para buscar mis tetas, pero ese día, un par de veces, la levantó, acarició mi barriga y la besó mientras decía: “qué boniquito”. A mí me extrañó tanto interés por mi barriga y pensé: “¿y si no es por la barriga?”. Pero como todavía no me atrevía a atribuir a mis intuiciones y a las de mi hijo el valor de una prueba de embarazo, él siguió insistiendo. Estábamos estirados en el sofá cuando, realmente preocupado, me mira y me dice que aquel sofá es muy pequeño. Y a los pocos días, no sólo insistió en el tema sino que me ayudó a explicárselo a su padre. Cuando los tres llevábamos a cabo el tribeso, una costumbre familiar que consiste en juntar al máximo las tres bocas y darnos un beso simultáneamente los tres, se separa y dice preocupado: “aquí ya no cabe más gente” . Y Manel que nos mira extrañado, y yo que le explico mis sospechas. El día esperado, la regla no me vino, ni al siguiente, ni al siguiente, …

También en la manera cómo iban a desarrollarse mis embarazos, la vida me tenía preparado un regalo.
No recuerdo haber tenido ninguna molestia especial. Ni un mareo, ni un vómito, ni una náusea.
En el primer caso, cuando estaba embarazada de Pau, era tal mi alegría, quería vivirlo de una manera tan positiva, que me iba repitiendo a mi misma y a quien me lo preguntase “me encuentro muy bien”. Era como si quisiera conjurar a todo ser conjurable para que así fuera. No quería que mi embarazo fuera motivo de encontrarme mal porque no quería relacionar a mi bebé con ninguna sensación desagradable. Y no sé si lo conseguí a base de repetirlo y repetírmelo o si igualmente me habría tocado que fuera así, pero el caso es que me encontré, no sólo como siempre, sino como nunca. Y me sorprendía tanto empeño médico por hacer éstas o aquéllas pruebas, que justificaban con más empeño dado mi edad, cuando yo me encontraba estupendamente .

Me sentía, además, muy especial. Recuerdo una conversación con las mujeres de la limpieza del colegio donde yo trabajaba. Cuando les di la noticia dieron por hecho, y dijeron, que yo debía sentirme una mujer especial, única, como si nadie más que yo hubiera podido vivir nunca aquello antes. Mi lado racional me recordaba que mujeres embarazadas las había habido desde el inicio de la humanidad, pero no importaba. Era cierto que yo me sentía única en el mundo. Como si nadie más que yo hubiera vivido nunca aquello y, por tanto, como si nadie pudiera entender lo que yo sentía. Me sentí profundamente comprendida. Siempre he recordado aquella conversación con la certeza de que eran palabras de mujeres sabias, de ese tipo de mujeres que poseen una sabiduría femenina que trasciende los libros o la universidad.

El segundo embarazo llegó mucho más fácilmente. Manel y yo tenemos la sensación de que, de alguna manera, Biel había decidido que quería llegar a nuestra casa y estuvo acechando en espera de la primera ocasión. Cuando Pau se acercaba a los tres años y teníamos ante nosotros la perspectiva de estrenar casa, empezamos a plantearnos la posibilidad de tener otro hijo. Pero como Pau se hizo esperar dos años, no pensábamos que fuera a ir tan de prisa y nos pilló algo desprevenidos. Biel se coló entre nosotros a la primera oportunidad.

El embarazo transcurrió, como el otro, plácidamente y sin molestias, aunque yo iba más cansada y tenía la sensación de no haberle podido prestar a mi bebé tanta atención como al anterior, porque a la vez debía seguir cuidando de Pau. Pero él recibía, además de mis atenciones, las de su hermano, lo cual me tranquilizaba y me hacía pensar que él gozaba de una riqueza de la cual su hermano no había podido gozar.

Tanto a lo largo de los embarazos como después, he creído que es una suerte que la gestación dure, al menos, lo que dura. Hay tantas cosas a las que adaptarse, ante las que prepararse, que no se me ocurre cómo podrían irse gestando en menos tiempo.

¿Estoy de parto?

Los embarazos debían culminar en un parto y, como la mayoría de embarazadas, yo me preguntaba si notaría cuándo llegaría el mío. La cosa se complicaba cuando alguien intentaba contestarme esta pregunta. “Notarás como si fuera un dolor de regla un poco más fuerte de lo normal” decían. Y esa respuesta, lejos de tranquilizarme, me planteaba más dudas porque ¡yo nunca había tenido dolores de regla! Eso, ¿sería ventaja o inconveniente a la hora de parir?
Igualmente me habían asegurado que de alguna u otra forma notaría cuándo iba a parir, y así fue.

Dos días antes de mi primer parto salí a cenar con unas amigas. Además de irme a dormir tardísimo, anduve mucho de casa al tren, del tren al restaurante y a la vuelta. El día siguiente, sábado, me levanté tarde y agotadísima. Manel me decía que no había para menos, pero yo sentía que no sólo era cansancio sino que era algo especial. Sólo me apetecía estar estirada en el sofá con él, como si supiera que se avecinaban cambios y hasta dentro de mucho tiempo no íbamos a poder volver a estar en aquella situación.

El domingo me desperté con una extraña sensación en la zona de la pelvis. Una sensación nueva, que iba y venía, pero de una manera muy suave y sin ninguna regularidad. Al cabo de un rato desperté a Manel para comentárselo. Pero eran las 8 de un domingo y decidimos que no debíamos molestar a las comadronas hasta más tarde. Hacia las 9 el reloj nos indicaba que podíamos establecer una regularidad de unos 7 minutos entre sensación y sensación, y media hora más tarde la frecuencia era ya de 6 minutos. Decidimos llamar a Pepi, una de las comadronas, para comentárselo y ella nos peguntó acerca del corazón del bebé. “¡Nos ha pillado! Todo el embarazo Manel aprendiendo a escuchar el corazón del bebé, cada noche practicando, y en el momento preciso ni nos acordamos de ello”. Acordamos que Manel escucharía al bebé y volvería a llamar.
Como el corazón del bebé parecía que latía como siempre, decidí que mientras Manel hablaba con Pepi yo podía ir al váter y ducharme. Sentada en el váter tuve la sensación de que me vaciaba por dentro sin necesidad de ponerme ningún enema. En la ducha, ¡qué placer sentir cómo el agua se deslizaba por mi cuerpo, por mi barriga! Y las sensaciones anteriores iban poco a poco agudizándose, pero seguían siendo muy suaves.
Después de salir de la ducha y tenderme en el sofá, llegaba a casa Tere, otra de las comadronas. Eran las 11 de la mañana y, después de observarme un rato, confirmó que estaba en un preparto. Después, dijo, podía enlazar con el parto o tomarme mi tiempo hasta reiniciarlo. Todo dependía de mí.
Al poco rato llegó Pepi. Tere tenía que marchar, pero antes las dos intercambiaron puntos de vista. Pepi nos dijo que podía irse y regresar en caso de que se desencadenara el parto, pero le pedimos que se quedara. Manel preparó algo de comida mientras yo seguía en el sofá escuchando una música suave y sumergiéndome en las sensaciones que me traía mi cuerpo. Habíamos avisado a las personas que habíamos invitado a acompañarnos en el parto de que estuvieran atentas, pero que de momento no hacía falta que vinieran porque no sabíamos si el parto iba a desencadenarse. Yo seguí en el sofá mientras comían y poco a poco iba notando que las sensaciones se intensificaban. Incluso llegó un punto en el que me parecieron tan intensas que me preguntaba si no necesitaría realmente un descanso antes de iniciar el parto. Yo no lo sabía, pero la dilatación había empezado ya y tras cada contracción me entraba la duda de si debía descansar antes del parto, pero cuando había pasado pensaba que no, que ahora ya estaba en ello, las comadronas estaban en casa, y era un buen momento para parir. Me dirigía con determinación hacia la siguiente contracción. Cuando acabaron de comer pensaron que era ya momento de hacerme un tacto para ver cómo iba todo. Las contracciones cada vez eran más seguidas. Le parecía increíble, pero estaba ya dilatada 4 centímetros. El preparto había quedado atrás mientras comían.
Y oí a Pepi que de golpe le pregunta a Manel si todo estaba a punto. Y Manel que empieza a moverse por la casa como una bola de billar que es continuamente golpeada. Y el teléfono que no cesa de sonar secuestrando su atención. Y yo que lo necesito a mi lado y no moviéndose de punta a punta. Afortunadamente algunos acompañantes llegaron de inmediato. Mi amiga Clara la primera. Recuerdo sentir un gran alivio al verla aparecer. Cogí entonces a Manel de la mano y le dije: “ahora ya está aquí Clara, no hace falta que te ocupes de nada más, quiero que te quedes conmigo”. Y así fue. Poco a poco fueron llegando los demás, pero no me di cuenta de en qué orden lo hacían. Yo estaba concentrada en lo mío, arrastrada por una fuerza interior indescriptible que me traía una contracción tras otra y me sugería relajarme al máximo entre ellas. No sé cuándo lo hizo, pero Tere había vuelto.
Yo sentía que las comadronas cuidaba mi cuerpo. Para mí era importante que no tuvieran que coserme la vagina y sentía que ella cuidaba mi perineo para que no se desgarrara. Sabía que también estaría atenta para recoger a mi bebé y que no se desplomara en el suelo.
Tere se dirigía esporádicamente a mi mente para mostrarme los diferentes caminos que tenía ante mí y para que decidiera por cuál quería avanzar. Recuerdo tres intervenciones suyas. La primera, cuando me explicaba que el parto podía desencadenarse desde el preparto en el que estaba inmersa, o bien podía desarrollarse un tiempo después, incluso algunos días más tarde. Sin ser totalmente consciente de ello, sus palabras me llevaron a preguntarme si deseaba enlazar una cosa con otra o tomarme un descanso intermedio, y a dirigirme con determinación hacia el parto. En la segunda ocasión, cuando había hecho casi todo el trabajo estirada en el sofá y no me planteaba la posibilidad de cambiar de posición, me recordó que podía ponerme como quisiera y que quizás una postura más vertical ayudaría al bebé a salir .Como un resorte, sentí el deseo de cambiar de postura. La tercera vez que recuerdo hablar con ella fue, después de una contracción, explicándome cómo estaba la cabecita de Pau en relación a mi pelvis, y describiendo el movimiento que debía hacer así cómo diferentes gestos míos que podían facilitarlo. Me sentí respetada, valorada, orientada. Finalmente parí en la posición que muchas veces antes había imaginado que lo haría.
La intervención de Pepi no era desde primera fila, pero yo sentía que lo envolvía todo y me tranquilizaba su presencia, saber que, sencillamente, estaba cerca y pendiente de todo.
Durante el parto chillé, rugí como una leona y me sentía tan borracha de hormonas que no podía controlar muchos de mis actos. No todos los recuerdos ni imágenes son nítidos. Mientras yo paría fuera caía una tormenta impresionante . Yo no me di cuenta de nada. Tampoco de que todos los que llegaban a mi casa lo hacían empapados. Me lo contaron unos días más tarde. Si me preguntan si sentí dolor en el parto, sólo me viene a la mente un momento, justo cuando el cráneo de Pau pasaba entre los huesos de mi pelvis. En la vagina no recuerdo dolor sino quemazón a la vez que su cabecita la coronaba. Justo antes de que Pau saliera de mí, recuerdo invocar su ayuda. Preguntarle, pedirle, que saliera ya . En el momento de la expulsión, sentí como si me rompiera, como si me desencajara para permitir su salida . A las 6,45 de la tarde, mi hijo Pau estaba sobre mí.

Tras mi primer parto me reconcilié con mis hormonas. En otro tiempo había renegado de ellas cuando habían provocado el acné juvenil que tantos problemas me había causado en mi adolescencia y aún más tarde. Pero ahora me ayudaban en un parto fácil y plácido emborrachándome hasta el punto de que pudiera desarrollarse sin apenas dolor.

Biel siento que estuvo esperando hasta que le di permiso para nacer. Como Pau había nacido a las 39 semanas y él era el segundo, mucha gente se atrevía a asegurar que nacería a la semana 38, pero yo no quería que fuera así. La semana 38 coincidía con las vacaciones de semana santa y yo quería pasarlas con Pau porque iban a ser las últimas solos. Después quería una semana para mí (la 39), para acabar de hacer cosas que consideraba pendientes, y deseaba que Biel viniera pasada la 40 pero no más tarde de la 41, no fuera que alguien empezara a impacientarse y me hiciera impacientar a mí también. Y a todo el que quería escucharlo iba repitiéndole mi deseo, como si ésta fuera una de las vías para que fuera tomando fuerza.
Y pasó la 38, y la 39, e iniciamos la 40 con algunas cosas pendientes, pero ninguna ya esencial.
Entre los asuntos pendientes había uno simbólico pero muy importante para mí. Las copas para el brindis de después del parto estaban todavía en alguna de las cajas por abrir después del traslado. Otro, muy importante, es que Biel todavía no tenía nombre. Nos habíamos propuesto concretarlo antes del nacimiento, pero hacia la semana 35 no lo habíamos conseguido. Luego ya fui yo la que no quise hacerlo porque era como abrir la puerta para que se produjese un hecho que yo todavía no quería que se produjera.
El jueves 27 de abril, 2 días después de cumplirse la semana 40, Manel decidió que se quedaba a trabajar en casa. Yo sentí que era un buen día para sacar las copas y lavarlas. Estuve toda la mañana sacando de sus cajas copas, vasos y tazas y lavándolas. Salimos a comer y a la vuelta seguí. Durante todo el día había sentido que la barriga estaba dura, pero con tanta actividad no era de extrañar. Hacia las 6 de la tarde, con Pau ya en casa reclamando mi atención, sentí la necesidad de descansar para chequear mi cuerpo en reposo. Y me pareció que tenía alguna sensación que iba y venía, como en el preparto de Pau. Me senté con él en el sofá a leer un cuento mientras Manel llamaba a las comadronas para comentárselo. Yo me iba diciendo a mi misma que no estaba de parto, que aquél no era un buen momento para iniciarlo ni para congregar a los acompañantes. Me parecía más fácil encararlo desde primera hora de la mañana que no desde última hora de la tarde. Pero por otro lado me parecía una postura muy soberbia pretender tener poder de decisión sobre el momento del parto. Bastante era ya que se hubiera respetado mi deseo de aguantar hasta la semana 40. Las comadronas aconsejaron tranquilidad para mí, seguir observando y volver a llamar en una hora. Llamamos a todos los acompañantes para decirles que estuvieran en guardia, pero que de momento no vinieran. Entre las 7 y las 8 yo seguía igual y hablamos de nuevo con Pepi que nos dijo que ella y Tere venían. En la segunda ronda de llamadas, todos nos dijeron que venían también. Si había parto bien y sino también. Yo seguía con Pau buscando actividades tranquilas mientras Manel empezaba a preparar cena.
Entre las 9 y las 10 fueron llegando un total de 14 personas, todas bienvenidas. Las comadronas, al llegar, confirmaron el preparto, pero no había dilatación. Me habían hecho un tacto justo el día antes y estaba igual.
A partir de las 10 yo empecé a insistir en que cenaran y me sentí muy feliz viéndolas a todas alrededor de la mesa en un momento en el que yo pensaba que era difícil congregarlas. Pensé, en contra de lo que había pensado toda la tarde, que sí que era un buen momento para parir. Me reuní con Manel, los dos a solas, y decidimos el nombre de nuestro hijo. Y empezó a llover. Y entonces tuve la certeza de que el parto empezaría en cualquier momento. Pero yo deseaba ducharme, pasar mi cuerpo por agua antes de empezar. Pau y los otros dos pequeños de la casa se acababan de dormir y pasé a verlos camino del baño. ¡Qué guapos y qué bien están! Yo ahora a lo mío.
Manel insistió en que me bañara en vez de ducharme y me dejé aconsejar. Cuando estaba dentro de la bañera, me sorprendió entrando él también y se inició una escena amorosa de tal intensidad que aumentó a tope mi nivel de oxitocina . A las sensaciones presentes se sumaban las del recuerdo del momento de la concepción que se produjo, también, en la bañera. Y se desencadenó el parto. Me sentía embriagada de hormonas y las contracciones se aceleraron e intensificaron en pocos minutos. Avisé a Manel de que debíamos salir inmediatamente porque sentíamos el deseo de que Biel naciera fuera de la bañera. “Si nos quedamos aquí -le dije- quizás nazca aquí dentro”.
Una vez fuera no sentí el deseo de volver al comedor, sino de quedarme ya en la habitación. Sentía que el preparto había quedado atrás. Las contracciones se sucedían de una manera frenética y se alternaban con bostezos , hasta que llegó un momento en el que eran tan seguidas que ya no me daba tiempo ni para bostezar, ni para decidir cómo quería ponerme ni qué quería hacer, ni para cambiar de posición. Sentía que era mi cuerpo el que mandaba y dirigía todo mi ser. Sabía que la habitación estaba llena de gente, intuía el trajín, pero no me daba cuenta de casi nada. Sólo notaba que mi compañero estaba a mi lado, que las comadronas estaban cerca y a punto, y que el resto de acompañantes estaban dispuestos para lo que hiciera falta. De vez en cuando sentía también la presencia de mi madre.
En medio de una contracción sentí ganas de apretar, lo chillé al aire y desde allí me llegó la respuesta de Pepi diciendo: “pues aprieta”. Pero la contracción había acabado y con ella el impulso de apretar, aunque por poco tiempo ya que la siguiente contracción no tardó en llegar. Pujé intensamente y pude sentir, dentro de mí, presionándome el perineo desde dentro, la cabeza de mi hijo. La expresión surgió en forma de sorpresa y de pregunta a la vez: “Biel, ¿¡ya estás aquí!?. Y varias voces que contestan que sí. Y rápidamente, en la próxima contracción, aquella sensación de que me rompía, de que me desencajaba para permitir su salida. A la una de la madrugada del recién estrenado 28 de abril Biel estaba ya sobre mi pecho.

Mis partos fueron dominados, sobre todo, por las pulsiones del cuerpo que en algún momento pactaron con mi mente qué camino querían seguir . Recuerdo que, supongo que preocupadas por cubrir al máximo todas mis necesidades, algunas acompañantes, entre ellas mi madre, me preguntaban si quería esto o aquello. Yo contestaba, sencillamente: “no sé nada, por favor, no me hagáis pensar, no quiero pensar”. Era el cuerpo el que dirigía mis actos, y así debía ser. Temía que si dejaba a la mente que empezara a mandar, pudiera inmiscuirse demasiado y frenar un proceso que avanzaba orientado desde el instinto.
Mis partos tuvieron poco de emocional hasta el punto de que, a la llegada de nuestros hijos, Manel lloraba de emoción mientras que yo era incapaz de hacerlo. Mis emociones han surgido, en ambos casos, dos días después, con la subida de la leche, y se han prolongado varias semanas después .

De ser una … a ser dos

Las primeras sensaciones que me llegaron cuando mis hijos dejaron de estar en mi interior fueron una táctil y la otra visual.

En primer lugar sentí que ya no estaban dentro de mí envueltos por mi barriga, mi útero y las aguas, y que eran mucho más vulnerables que antes. Sentía la necesidad de envolverlos en mis brazos para seguirlos protegiendo pero ellos, rebozados de agua y vérnix, parecían escurrirse.
Con el alumbramiento se había producido una primera separación que se acentuaría un momento después, cuando el cordón dejara de latir y aún más al ser cortado. Sentí cada una de esas separaciones como la preparación a las que debían venir posteriormente, cada una de ellas más intensa que la anterior. Algún día mi hijo dejaría de estar pendiente sólo de mí y empezaría a interesarse por el resto del mundo y a mirar a su alrededor. Más tarde empezaría a gatear y luego a andar, con lo que podría alejarse físicamente de mí a su antojo. Algún día se destetaría y disminuiría con ello su dependencia de mí. Y más adelante …
Formaba parte de mi papel de madre acoger a mis hijos en mi seno, como luego formaría parte también de ese papel, poco a poco, irlos dejando alejarse.

Otro recuerdo imborrable es la primera vez que me encontré con la mirada de mis hijos. Nada más nacer, ellos sobre mi pecho, cruzamos una mirada profunda, intensa, inolvidable, inexplicable, incomprensible para quien no la haya sentido …

Sentirme madre sintiéndome hija

Mis dos hijos me han ofrecido el regalo de vivir la maternidad desde el papel de madre. Con su llegada tengo la sensación de que, de alguna manera, he podido recuperar también algunos aspectos de mi propia madre. Y con ella la fuerza de todas las mujeres que me han precedido en mi familia.

Durante mis partos, el embriago que sentía me impedía percatarme de todo lo que pasaba a mi alrededor. En el nacimiento de Pau, no recuerdo cuándo llegó cada uno de los acompañantes excepto mi amiga Clara, que llegó la primera, y mi madre.
Desde la planificación de mis partos, apareció como un intenso deseo la posibilidad de que mi madre fuera una de mis acompañantes. Las comadronas me comentaron que, por lo que ellas habían vivido y sabían, en los partos las madres no son un acompañante cualquiera y que, muchas veces, su influencia sobre el desarrollo es imprevisible. Pero yo sentía el deseo de que mi madre me acompañara. Era un sentimiento que iba más allá de lo racional. Sentía que su presencia daba más sentido a la vida de mi hijo ya que ella me había entrañado y dado vida a mí. Mi madre y mi hijo eran mi pasado y mi futuro que se entrelazaban en mí.
Al margen de la preocupación y el sufrimiento que en esa situación mi madre pudiera vivir, sabía que para ella no sería fácil romper con algunos condicionamientos sociales, y yo no quería verme influida por ello . Quería ser libre para mostrar mi desnudez, para chillar, para abrazar, para llorar, para reír, para perder el control, para …, para lo que deseara o necesitara en cualquier momento. Sin censuras, sin condicionamientos.
Durante el embarazo, preparando el parto, yo había hablado varias veces de todo esto con mi madre. Recuerdo que, en el parto de Pau, cuando llegó, el proceso estaba ya algo avanzado. La saludé y le dije: “Mamá, ahora no puedo estar por ti”. Era algo obvio porque estaba pariendo, pero yo necesitaba decir esas palabras que, de alguna manera, encerraban implícitamente otras: “Estoy viviendo esto intensamente, estoy dejándome llevar, ahora no puedo ni quiero preocuparme de los convencionalismos”.
Durante el nacimiento de Biel se puso de manifiesto otra realidad. Aunque yo estaba absolutamente centrada en el parto y me enteraba de poco de lo que pasaba a mi alrededor, la voz de mi madre llegaba nítida hasta mí. Tras uno de mis gemidos la oí decir, desde el deseo de amortiguar algo que ella creía que era doloroso para mí: “si pudiéramos repartir un poco para cada uno…”. Yo sentía que ese no era mi deseo. Quizás desde fuera los quejidos pudieran parecer lastimeros, pero yo sentía que quería sentirlo todo en su plena intensidad, vivirlo completamente. Como mujer adulta, me tocaba a mí llevarlo a cabo. Mi madre podía acompañarme, pero no podía ni debía hacer nada ni vivir nada de lo que me pertenecía a mí. Y le contesté: “Tu ya lo pasaste cuando te tocó. Ahora me toca a mí”. Noté intensamente la fuerza de sus propios partos, la fuerza de mi nacimiento. Me sentía con fuerzas renovadas para seguir adelante.

A mi madre debo agradecerle mucho de lo que soy. Hay mucho de mi gozosa maternidad que proviene de una gozosa infancia, cuando sólo era hija, y de un gozoso nacimiento. Mi madre, y mi padre, me han hecho sentir siempre, no sólo como una criatura deseada, sino también como una niña deseada. Eso ha impreso a mi vida una fuerza especial y ha dado muchas veces sentido, y un sentido muy especial, a mi existencia.

Durante mis embarazos, yo no podía admitirlo porque consideraba que no era “socialmente correcto”, pero en mi interior deseaba tener una niña . El deseo surgía, sobre todo, del deseo de continuar, a través de mí, la cadena femenina de mi familia, y enlazar a mi hija y mi nieta con mi madre y mi abuela. Tras mi primer hijo y una vivencia muy intensa de la maternidad, ese deseo se vio aumentado. Pensé que poder compartir vivencias parecidas con una niña que algún día sería mujer y quizás madre, podía ser una experiencia vital muy potente.
El azar de la vida ha querido que yo tuviera hijos y no hijas y, de algún modo, siento como si esta cadena de transmisión de la fuerza y del poder femenino de generación en generación haya quedado “truncado”. Pero intuyo que detrás de este hecho me esperan muchas vivencias que me ayudarán a crecer y a enriquecerme como persona y como mujer.

Para acabar …

No puedo hablar de los nacimientos de mis hijos sin sentir una enorme gratitud hacia las personas que me acompañaron en mis partos, especialmente hacia las comadronas.
Mucha gente, al saber de mis partos, exclaman: “¡qué valiente!”. Y yo no me siento en absoluto valiente. Me siento, simplemente, muy afortunada. Y siento que una de mis fortunas ha sido conocer a las mujeres de Titània-Tascó en un momento tan crucial de mi vida, y poder contar con ellas como compañía en este apasionante viaje. Mi contacto con ellas posibilitó unos partos aún mejores de lo que yo había soñado, y ha tenido gran influencia en muchos aspectos en relación a mi salud y a la de mis hijos, así como al estilo de crianza que deseamos llevar a cabo.
Gracias Tere, gracias Pepi.

Asun Rodríguez Sánchez
Madre de Pau y Biel

Cortar o no cortar el frenillo a los bebés

 Algunos profesionales están recomendando cortar el frenillo de la lengua a los bebés, cuando la madre presenta grietas en el pezón o episodios de mastitis. Lo hacen para aliviar el sufrimiento de la madre o el posible abandono precoz de la lactancia materna.Algunas madres y padres se encuentran que tienen que tomar una decisión como es la de seccionar el frenillo de su bebé. Creo que es una cuestión que hay que pensar, como siempre buscando información contrastada y tomando la decisión que cada una y cada uno crea la más adecuada. Las soluciones a un problema pueden ser múltiples, cuando la madre tiene grietas en el pezón o episodios de mastitis hay que mirar los aspectos fisiológicos de postura y constitución de la anatomía de la boca del bebé y del pezón de la madre Pero quedarse sólo en eso creo que sería una visión muy simple del tema. También hay que examinar los aspectos psicológicos y sociales que rodean a la madre, al bebé y al padre.

 En la actualidad se está poniendo de “moda” cortar el frenillo de la lengua a los bebés. Con   el pretexto de que el frenillo lo tienen corto y si no lo hacen dañaría el pezón de la madre … ¡Fíjate que a mí me suena este argumento!. Desde hace unas décadas las mujeres se les cortaba la vagina, el pretexto de la episiotomía es que no hay espacio suficiente para que pase el bebé, o para evitar incontinencias o prolapsos Pero a estas alturas está demostrado que no es así . Durante décadas las mujeres han sufrido, y de hecho, sufren aún esta agresión. Nos escandalizamos con razón de las mutilaciones genitales en prepúberes de países africanos y en cambio parece normal la práctica de la episiotomía, cortan igualmente pero lo disfrazan como proceso quirúrgico necesario.
Con la episiotomía se corta la inervación del clítoris, la mujer puede tener serios problemas con sus sensaciones placenteras, las molestias pueden durar años.
También se puso de “moda” cortar el prepucio a los chicos, hacer una incisión, la excusa siempre es la misma, el glande es pequeño, resulta evidente en un bebé todo es pequeño, tiene que crecer. Es fisiológico que el pene sea pequeño al igual que lo es el frenillo de la lengua de los bebés.

Entonces, ¿qué hay detrás de estos actos? ¿Porque nos quieren mutilar?
¡Viva la sofisticación! Ahora le toca el turno a la sexualidad oral de los niños y las niñas. Succionar es un placer para el bebé, la naturaleza ha previsto que alimentarse forme parte de su sexualidad oral.
Puede que algún bebé necesite este tipo de intervención pero nunca han necesitado tantas como ahora. Cuando pasa a ser un acto masivo parece más la represión de la sexualidad oral que un acto quirúrgico necesario.

Cada sociedad tiene sus mecanismos de represión, se inventa patologías que no existen y aplica tratamientos quirúrgicos innecesarios como la episiotomía para las mujeres o la circuncisión para los hombres. Este procesos tienen consecuencias a todos los niveles: en el fisiológico tienen una disminución de la sensibilidad en esta zona, que repercute en el disfrute de su sexualidad, a nivel psicológico se esconde el fantasma de la castración.

Tenemos que estar alerta cuando alguien nos recomienda algún procedimiento que tiene que ver con cortar porque lo que quieren cortar no es tan inocente como parece a primera vista. Detrás de la castración viene la sumisión. Seguramente lo que cortan es el vínculo afectivo con la madre, se espera placer y obtiene dolor. Cuando tenemos en cuenta la forma de nacer, el método de crianza … pues vamos con cuidado con quien nos propone cortar.

¿O queremos que nuestras criaturas sean sumisas?

Cuidado con cortar!

Pepi Domínguez
Comadrona

Pepi-Dominguez Cano- Comadrona

Pepi-Dominguez Cano- Comadrona

CURS DE PREPARACIÓ A LA MATERNITAT I PATERNITAT

 

 

Per fi comencem de nou un dels cursos que més ens agraden a Titània, el curs de preparació a la maternitat i paternitat.

Moltes parelles arriben a Titània arrel d’aquest curs, és la porta entrada al món maternal i paternal un espai per gaudir en parella esperant a l’arribada de la vostra criatura.

El curs dura 4 mesos (17 sessions) on es tracten temes d’embaràs, part i criança. És un lloc de trobada amb diverses parelles que estan en la mateixa situació, dirigida per professionals com la Tere Gonzalo del Moral (llevadora) acompanyada d’altres professionals com la Maialen Larrea (fisiterapeuta del sòl pèlvic), Núria Beitia (psicòloga),on les parelles poden trobar tota la informació i eines necessàries per poder autogestionar el procés des del respecte, d’una manera conscient i acompanyada.

Durant el curs es tracten temes com:

– aspectes físics i emocionals de l’embaràs, part i post-part

– Consciència corporal, respiració, relaxació i massatges

– Autoconeixament i autoexploració. Posició del bebé i escolta del

batec del seu cor.

– Desenvolupament del part fisiològic. Assaig d’esponderaments i posicions durant el part.

– Acollida de la criatura i les seves cures. Desenvolupament psicosexual del nadó.

– Alletament matern, fisiologia, etapes.  Dificultats i recursos.

– Alimentació infantil, ritmes dels nadons, el plor, la son…

– Sistema inmunitari, vacunació, malalties infantils. Cures casolanes.

– Sexualitat en el post-part i mètodes anticonceptius.

– Recuperació del sòl pelvià.

– Vincle afectiu mare-pare-fill-filla.

Així que a totes les parelles que comenceu aquesta aventura, us animem a viure aquest pocés amb nosaltres, tots els dilluns de 18.30 a 20.30 hores !!